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M. L. ANDREASEN-Carta Nº 4: Un Resumen.-

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M. L. ANDREASEN-Carta Nº 4: Un Resumen.-

Mensaje por Admin el Lun Mayo 17, 2010 2:27 am

Carta Cuatro: Un Resumen.-
Cartas a las Iglesias por M.L. Andreasen.



En los documentos y cartas que he enviado de vez en cuando, en relación a lo que yo considero una seria desviación de la fe por parte de los dirigentes, me he adherido estrictamente al consejo que Cristo da en Mat. 18:15-17. Allí Él dice que si surgen divergencias entre hermanos, “dile su falta entre tú y él solamente”. Si él no escucha, “lleva contigo uno o dos más, porque en la boca de dos o tres testigos cada palabra será establecida. Y si él se niega a escucharlos, cuéntaselo a la iglesia”. Este principio lo he seguido, tal como se puede ver en lo expuesto.

En el mes de Mayo de 1957, llegó a mis manos, providencialmente creo yo, una copia de las minutas de los fideicomisarios de los Escritos de Ellen White del 1 y 2 de Mayo de 1957, exponiendo una reunión de dos hermanos con los fideicomisarios, en relación a una declaración que ellos habían encontrado en los escritos de la Sra. White referente a la expiación. Ellos solicitaron consejo en esta materia, en relación a aquello que habían encontrado y que no armonizaba con el nuevo punto de vista que los dirigentes habían adoptado. ¿Qué actitud deberían tomar estos investigadores en vista de la declaración de la Sra. White?
Durante algunos meses, o aún durante algunos años, nuestros dirigentes habían estado estudiando con algunos ministros evangélicos con vistas a un eventual reconocimiento de los Adventistas como un cuerpo Cristiano evangélico. Los estudios se referían a las doctrinas de los Adventistas, particularmente la Expiación, el juicio investigador, y la obra de Cristo en el santuario celestial desde 1844. los Evangélicos llamaron estas doctrinas “el fenómeno psicológico más colosal de salvar las apariencias, en la historia de la religión”, y así lo llamaron en su diario Eternity, de Septiembre de 1956, y reimprimieron el artículo en un Extra bajo el título, “¿Son Cristianos los Adventistas del Séptimo Día?”.
Los ministros evangélicos parecía que habían logrado impresionar grandemente a los dirigentes Adventistas, ya que el Dr. Barnhouse, uno de los ministros evangélicos participantes, informa que los dirigentes Adventistas “repudiaron totalmente” una de sus más importantes doctrinas. Tal vez sería mejor dejar que el propio Dr. Barnhouse contase su historia tal como aparece en el número Extra de Septiembre de 1956. El asunto en particular que él discute es lo que se conoce como “El Gran Chasco”, y se refiere al gran chasco de los adventistas en 1844 cuando esperaban que viniera el Señor. Aquí está su relato:
“En la mañana después del Gran Chasco dos hombres estaban caminando a través de un maizal, para evitar las miradas sin piedad de sus vecinos burlones a quienes ellos les habían dado un eterno adiós el día anterior. Para ponerlo en las palabras de Hiram Edson (el hombre que en el maizal tuvo por primera vez esta idea peculiar), él estaba abrumado con la convicción de que “en vez de que nuestro sumo Sacerdote saliese del Lugar Santísimo del santuario celestial para venir a esta tierra en el décimo día del séptimo mes al término de los 2.300 días, Él había entrado por primera vez en ese día en el segundo departamento del santuario, y que tenía una obra que hacer antes de venir a esta tierra. Para mi manera de pensar, entonces, ¡es una manera humana de salvar las apariencias! También se podría haber creído que algún adventista no informado tomó esta idea y la llevó a extremos literalistas fantásticos. El Sr. Martin y yo escuchamos decir a los dirigentes Adventistas, claramente, que ellos repudiaban todos esos extremos. Ellos dijeron esto en términos claros. Más aún, ellos no creen, como enseñaban algunos de sus profesores antiguos, que la obra expiatoria de Jesús no estuviese completa en el Calvario, de forma que estuviese aún efectuando un segundo ministerio desde 1844. Esta idea también la repudian totalmente. Creen que desde su ascensión, Cristo ha estado ministrando los beneficios de la expiación que Él completó en el Calvario.
Ya que la doctrina del santuario está basada en el tipo del sumo sacerdote Judío entrando en el Lugar Santísimo para completar su obra expiatoria, puede verse que lo que queda no es más que una especulación teológica altamente imaginativa, exegéticamente insostenible. Lo que Cristo está haciendo ahora, desde 1844, de acuerdo con esta versión, es mirar los registros de todos los seres humanos y decidiendo cual será la recompensa que le será dada a los Cristianos individualmente. Personalmente no creemos que exista la más leve sospecha en algún versículo de las Escrituras que sostenga una posición tan peculiar, y también creemos que cualquier esfuerzo para establecerla es caduco, insulso y no aprovechable”.
Al explicar esta declaración, yo añado la siguiente explicación, la cual aclara algunas expresiones. El Dr. Barnhouse mostró primero el bien conocido incidente de Hiram Edson caminando a través del maizal en la mañana posterior al “Chasco”, y quedando convencido que “en vez de nuestro sumo Sacerdote salir del Lugar Santísimo ... Él entró por primera vez en ese día en el segundo departamento del santuario, y de que tenía que efectuar una obra en el Lugar Santísimo antes de venir a esta tierra”. La obra que tenia que hacer antes de venir a esta tierra era la terminación de la expiación, la cual implica el juicio investigador. Este concepto, dice el Dr. Barnhouse, “es nada más que una idea humana para salvar las apariencias”. Entonces él continua, “algún Adventista del Séptimo Día no informado tomó esta idea y la llevó a extremos literales fantásticos”. Esto es, ellos creyeron que Cristo realmente había ido al Lugar Santísimo para hacer una obra que tiene que ser hecha antes de que Él venga a esta tierra, lo cual implica el juicio investigador y la terminación de la expiación. El Dr. Barnhouse informa: “El Sr. Martin y yo escuchamos decir a los dirigentes Adventistas, claramente, que ellos repudiaban todos esos extremos. Ellos dijeron esto en términos muy claros”.

Si hemos de creer en la declaración del Dr. Barnhouse, entonces nuestros dirigentes repudiaron una doctrina que nosotros hemos mantenido como sagrada desde el comienzo. Esto queda claro a medida que el Dr. Barnhouse continua: “algunos de sus profesores más antiguos enseñaban que la obra expiatoria de Jesús no estaba completa en el Calvario, sino que Él estaba efectuando aún una segunda obra ministerial desde 1844. Esta idea también la repudian totalmente”.
Cuando el Dr. Barnhouse dice que “algunos” de nuestros profesores antiguos enseñaban “que la obra expiatoria de Jesús no estaba completa en el Calvario”, debe haber obtenido esa información de alguno de los autores “no informados” de nuestra nueva teología; ya que la historia informa que no sólo algunos, sino todos nuestros profesores enseñaban eso: James White, J.H. Waggoner, Uriah Smith, J.N. Andrews, J. N. Loughborough, C.H. Watson, E.E. Andross, W.H. Branson, Camdem Lacey, R.S. Owen, O.A. Johnson, H.R. Johnson, F.D. Nichol (hasta 1955), todos defendieron valientemente la doctrina de la obra expiatoria de Cristo desde 1844, y llevaron sus convicciones al papel. Mientras escribo esto, tengo delante de mí todos sus libros. James White, que fue tres veces Presidente de la Conferencia general, cuando fue electo como primer editor de Señales de los Tiempos, escribió en la primera edición de esa revista un artículo “para corregir falsas declaraciones que están circulando entre nosotros ... existen muchos que se autodenominan Adventistas, que mantienen puntos de vista con los cuales no tenemos ninguna simpatía, algunos de ellos, creemos, son subversivos de los principios más importantes y claros encontrados en la palabra de Dios”. El segundo de los 25 artículos de fe dice lo siguiente: Cristo, “vivió nuestro ejemplo, murió nuestro sacrificio, fue resucitado para nuestra justificación, ascendió a lo alto, para ser nuestro único mediador en el santuario celestial, donde, con su propia sangre, hizo expiación por nuestros pecados; esta expiación, lejos de haber sido efectuada en la cruz, que no fue más que la ofrenda del sacrificio, es la última parte de su obra como sacerdote”. Estas Creencias Fundamentales,
también fueron impresas en un pequeño tratado y circularon por miles. Sería interesante si el que escribió las páginas 29, 30, 31 y 32 de Questions on Doctrine, pudiese darnos una lista de escritores que tengan puntos de vista opuestos a aquellos autores mencionados anteriormente. No he encontrado ninguna prueba para las declaraciones incorrectas que aparecen en esas páginas en particular.
Continuemos nuestro estudio del informe del Dr. Barnhouse en el Eternity Extra. Afirmó que los dirigentes Adventistas habían “repudiado totalmente” la idea de que Cristo esté “aún esté efectuando una segunda obra ministerial desde 1844”, con lo cual él quiere decir una obra expiatoria. En vez de eso, dice él, “ellos creen que desde su ascensión Cristo ha estado ministrando los beneficios de la expiación que Él completó en el Calvario”. Este punto de vista, sin embargo, él no lo considera consistente. El Antiguo Testamento nos informa que el sumo sacerdote mataba el sacrificio en el atrio que estaba fuera del tabernáculo. Pero el matar no era la expiación. “Es la sangre la que efectúa la expiación” Lev. 17:11. Por eso el sumo sacerdote tenía que “traer la sangre dentro del velo ... y asperjarla sobre el propiciatorio, y delante del propiciatorio: “Y hará una expiación por el lugar santo” Lev. 16:15-16. “Entrará para hacer una expiación” versículo 17. El Dr. Barnhouse argumenta que, como nosotros basamos nuestra doctrina de la expiación grandemente en la figura que se nos da en Levítico, y usamos eso en nuestras enseñanzas sobre la expiación, tenemos que creer que mientras el sumo sacerdote en la tierra llevaba la sangre al santuario y allí hacía la expiación, así Cristo también lo hace, Él tiene que entrar para completar la expiación. Si no, tuviésemos una expiación sin sangre. Si no aceptamos el último paso, entonces estamos compelidos a creer que la expiación fue hecha en el atrio y no en el santuario, lo cual destruye completamente toda la tipología. Si este último servicio con la sangre es omitido, entonces nuestra teoría de la expiación está tristemente incompleta, y “no es más que una especulación teológica altamente imaginativa, exegéticamente insostenible”. Si Cristo no entró con la sangre para completar la expiación, entonces lo que queda “es caduco, insulso y no aprovechable”. Barnhouse tiene un buen argumento.
¿Es Verdad?
Cuando leí por primera vez en el Extra que nuestros dirigentes habían repudiado la doctrina de la obra expiatoria de Cristo en el santuario desde 1844, y que la habían substituido por “la aplicación de los beneficios de la expiación sacrificial que Él hizo en la cruz”, no podía creerlo, y no lo creí. Cuando se me dijo que aún cuando lo leyera en “los escritos de Ellen G. White, que Cristo está efectuando ahora la expiación”, no debía creerlo, me pregunté: ¿hacia dónde estamos yendo? La expiación fue hecha hace 1800 años, dicen nuestros dirigentes. La hermana White dice que la expiación está en curso ahora. Questions on Doctrine dice que fue hecha 1800 años atrás. La revista Ministry dice que la expiación en la cruz fue algo terminado. ¿A quién tengo que creer? Para mí, repudiar el ministerio de Cristo en el segundo departamento, ahora, es repudiar el Adventismo. Ese es uno de los pilares del Adventismo. Si rechazamos la expiación en el santuario ahora, también podemos repudiar todo el Adventismo. El pueblo de Dios no está dispuesto a tal cosa. No seguirá a los dirigentes en la apostasía.

En este punto se me ocurrió que tal vez los hombres de Eternity se hubiesen arrepentido de lo que habían escrito y de que se hubiesen retractado, o que se irían a retractar de todo lo que habían escrito. Entonces escribí a Eternity, preguntando si aún publicaban el Extra. Me respondieron que sí lo estaban haciendo. Pedí permiso para citar el artículo en cuestión, y me respondieron: “Nos alegra darle permiso para citar el artículo, “¿Son Cristianos los Adventistas del Séptimo Día? Y apreciaríamos que le de el crédito (reconocimiento) a Eternity cuando lo cite”. Esta carta estaba fechada en Philadelphia, Pennsylvania, el 2 de Mayo de 1958, y estaba firmada por el autor.

Esto sucedía 20 meses después que el artículo apareció por primera vez en Eternity. Si en algún instante durante esos veinte meses nuestros dirigentes hubiesen protestado, si hubiesen hecho una objeción, honestamente el autor me habría alertado para que no usase el material, para que no citase esas declaraciones. Pero el autor no hizo nada de eso. Él estaba contento y deseosos de que yo usase el material, deseoso de mantenerse al lado de aquello que el Extra había publicado, deseoso de que yo lo citara. Han pasado cinco años desde que la discusión comenzó, y tres años desde que el Extra fue publicado. Durante todo este largo tiempo he estado esperando para que los hombres nieguen los cargos, y reprochen a los evangélicos por haber publicado tal difamación de todo nuestro liderazgo. Pero no he escuchado ninguna protesta. Al contrario, he leído algunas referencias en nuestras revistas a estos evangélicos como siendo muy correctos, Cristianos educados, lo cual yo creo que es verdad. Esos hombres no han dicho falsedades. En ausencia de cualquier negación o protesta por parte de nuestros hombres, he llegado a regañadientes a sacar mis propias conclusiones. Pero si nuestros hombres van a hacer una firme declaración de que el Dr. Barnhouse y el Sr. Martin nunca les escucharon proferir esas declaraciones como lo asevera Eternity, yo voy a entrar inmediatamente en contacto con los evangélicos y les voy a solicitar que pidan disculpas por aquellas serias y graves acusaciones. Este problema es demasiado serio como para dejarlo así. Miles en nuestro pueblo han leído el artículo de Eternity, y están muy preocupados. Uno de los pilares más importantes de nuestra fe, de acuerdo con Eternity, ha sido removido. ¿Permaneceremos inactivos y dejaremos que el santuario sea pisoteado, y que ello sea hecho justamente por aquellos que deberían defenderlo?

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Re: M. L. ANDREASEN-Carta Nº 4: Un Resumen.-

Mensaje por Admin el Lun Mayo 17, 2010 2:28 am

El Incidente en la Bóveda.-

Debemos volver ahora a los dos hombres que entraron en la bóveda de los escritos de la Sra. White en Mayo de 1957, para aconsejarse con los fideicomisarios de los Escritos de Ellen White. Habían terminado su investigación, y habían informado a la mesa de que habían encontrado “indicaciones” de que la hermana White enseñaba que “la obra expiatoria de Cristo está ahora (1880) en curso en el santuario celestial”. Este descubrimiento fue un golpe mortal para su nueva teología. Era imposible creer que la obra de la expiación estuviese terminada en la cruz y que fuese completa, y al mismo tiempo enseñar que estaba aún en progreso en el cielo. Ambas declaraciones no podían ser verdaderas. Sin embargo, la denominación ya se había comprometido en este punto, y habían publicado en la revista Ministry en 1957, que el gran acto en la cruz fue “una expiación completa, perfecta y final por los pecados del hombre”. Ministry, Febrero de 1957. El artículo dice que este es ahora “la forma como los Adventistas entienden la expiación, confirmada, iluminada y aclarada por el Espíritu de Profecía”. Ídem. Esta declaración nunca fue retractada, o modificada, o cambiada, y ni el escritor ni el editor han sido censurados. Permanece.

En vista de esta situación, ¿qué estaban haciendo los investigadores? Estaban siendo enfrentados con la declaración de la Sra. White de que la expiación está ahora en progreso en el cielo. Estaban cara a cara con la otra declaración de los dirigentes de que la expiación fue hecha y se terminó en la cruz. Tenían que aceptar una o la otra. Escogieron seguir a los dirigentes.

¿Y qué hacemos con las declaraciones de la hermana White, ya que hay muchas? Estaba claro que de alguna manera su influencia debía ser debilitada y sus declaraciones sofocadas. Pero eso era un delicado trabajo; y sea lo que fuere lo que tenía que ser hecho, tenía que ser hecho en secreto. De ser descubierto, el plan no tendría éxito. Si, sin embargo, ellos pudiesen trabajar en secreto, y trabajasen rápido, ese problema sería un “hecho consumado”, efectuado antes de que nadie lo hubiese podido desenmascarar.
Fue en este instante cuando yo recibí una copia de las minutas del Centro White. Voy a presentar ahora las minutas, de tal manera que todos puedan ver por sí mismos lo que fue hecho.
Las Minutas del 1 de Mayo de 1957, página 1483:
“En este punto de nuestro trabajo, los hermanos X e Y fueron convidados a juntarse con los fideicomisarios para analizar una materia que había dado como estudio en Enero. El hermano X y su grupo que habían estado estudiando con algunos ministros habían quedado agudamente alertados de las declaraciones de E. G. White que indican que la obra expiatoria de Cristo está ahora en curso en el santuario celestial. En una declaración en Fundamentos de la Educación Cristiana, la palabra “sacrificio” es usada. Para no adventistas, no familiarizados con nuestro entendimiento sobre el santuario, las referencias a una continuación de la obra de Cristo, son difíciles de comprender, y se sugirió a los fideicomisarios que algunas notas al pie de la página o en el Apéndice apreciasen en algunos libros de E. G. White, aclarando ampliamente en las palabras de Ellen White, nuestro entendimiento de las diversas fases de la obra expiatoria de Cristo. Fue sentido por los hermanos que se unieron a los fideicomisarios en el análisis, que esta es una materia que muy pronto será colocada en primer plano en el futuro cercano, y de que haríamos bien en movernos en esa dirección con la preparación e inclusión de tales notas en las futuras impresiones de los escritos de E. G. White. La materia fue analizada cuidadosa y seriamente, pero cuando la reunión fue interrumpida para acomodar otros comités, no fue tomada ninguna decisión”.
Reunión del 2 de Mayo, página 1488: Declaraciones de E. G. White sobre la obra expiatoria de Cristo.-
“La reunión de los fideicomisarios efectuada el 1 de Mayo se cerró sin ninguna decisión en relación a lo que venía siendo analizado desde hacía tiempo, notas al pie de página o explicaciones en relación a las declaraciones de E. G. White sobre la obra expiatoria de Cristo la cual indica una obra continua hoy día en el cielo. Puesto que el Presidente de nuestra mesa va a estar ausente de Washington en los próximos cuatro meses, y como las implicaciones en esta cuestión son tales que tienen que tener las más cuidadosas consideraciones y consejos, fue votado que, posterguemos las consideraciones hasta un tiempo posterior sobre las materias que fueron traídas a nuestra atención por los hermanos X e Y , y que envuelven las declaraciones de E. G. White en relación a la obra expiatoria continua de Cristo”.

Después que el presidente de la mesa volvió de su viaje de cuatro meses, la materia fue nuevamente analizada, y fue decidido no atender la solicitación. Esta acción es digna de elogio, pero queda de alguna manera oscurecida por el hecho de que llevó ocho meses el llegar a esta decisión, y tal conclusión no se produjo hasta que el plan hubiese resultado desenmascarado.

Este informe me aturdió. ¿Cómo puede alguien atreverse a sugerir inclusiones en los escritos de la hermana White para reforzar el nuevo punto de vista? Ponderé durante mucho tiempo, y oré mucho. ¿Tenía yo alguna responsabilidad en esta materia? Si la tenía, sería mi deber hablar con un hombre, y solamente uno. Como la trasgresión no era contra mí sino que contra la iglesia y nuestra más santa fe, era mi deber hablar con nuestro más alto oficial. Hice esto.

En mi carta del 27 de Febrero de 1957, dejé claro mi miedo de publicar el libro propuesto, Questions on Doctrine, tal como había sido preparado tan apresuradamente y después de un periodo tan corto de estudio. Libros de este tipo no pueden ser escritos apresuradamente y deben ser preparados por hombres que hayan dado una parte de sus vidas al estudio del asunto y que hayan gastado años analizando los Testimonios.
El siete de Marzo de 1957, recibí esta respuesta: “Me he apercibido de su observación: “Temo mucho sobre el contenido del libro que está siendo publicado sobre nuestras creencias”. No creo, hermano Andreasen, que precise temer por lo que va a aparecer en el libro. Está siendo cuidadosamente llevado por un grupo capaz de hombres en los cuales nosotros tenemos la más alta confianza. Tengo la confianza de que usted quedará contento con los resultados”.

En mi respuesta del 11 de Marzo, nuevamente expresé mi temor sobre el contenido del libro. Refiriéndome a un artículo que aparece en la revista Ministry, en Febrero de 1957, dije: “Si el comité concuerda con estos puntos de vista publicados, debo protestar seriamente. Porque los puntos de vista son ciertamente doctrinas no Adventistas, sino que son puntos de vista derivados de un estudio superficial de ciertas porciones de los escritos de la hermana White, y no representan las enseñanzas generales”. Y terminé con estas palabras: “A través de ésta expongo mi protesta contra la publicación de cualquier doctrina de la expiación, y quiero que mi protesta sea debidamente registrada. No puedo más que sentir que algunos hermanos han sido traídos a la actual posición por un deseo de ser igual a las naciones que nos rodean (iglesias) y de que nosotros aún lamentaremos el día cuando comenzamos a hacer concesiones debido a las presiones ejercidas por fuentes externas”.
Al no recibir ninguna respuesta, escribí nuevamente el 10 de Mayo de 1957: “Creo que usted ha llegado a la conclusión de que yo estoy siendo sincero. Yo confío plenamente en usted. En mis más de sesenta años de relación oficial con la denominación, uno de mis más caros objetivos ha sido inspirar confianza en el Espíritu de Profecía. En los últimos dos años he hablado 204 veces sobre ese asunto. He sentido que nuestro pueblo necesita ayuda, y he tratado de ayudarle. Estoy angustiado en relación a lo que el futuro parece traernos, a menos que Dios nos ayude. Ojalá que el Señor le dé a usted tanto coraje como sabiduría para hacer lo que la situación exige”.

Después de haber llegado a poseer las minutas confidenciales de la mesa del White Estate, seguí las instrucciones de Cristo de “hablar a solas con él”, y le envié cuatro cartas a nuestro dirigente principal. El 26 de Junio de 1957 recibí esta respuesta: “Tengo certeza de que podemos confiar en los hermanos del White Estate para movernos prudentemente en esta dirección, evitando tomar posiciones que puedan ser embarazosas en el futuro. Ciertamente, hermano Andreasen, no existe aquí ninguna intención de manipular los escritos de la hermana White. Nosotros los valoramos muchísimo.
En relación al libro Questions on Doctrine, permítame asegurarle aquí, también, que este no es la labor de los hermanos cuyos nombres menciona usted. Es verdad que ellos hicieron algún trabajo original, pero fue tomado de sus manos y ahora es el producto de un gran grupo de hombres y no solamente de unos pocos”.

Yo respondí el 4 de Julio de 1957. Esta es una parte de esa respuesta: “Temo que pueda llegar el día cuando esta materia sea conocida por el pueblo. Esto sacudirá la fe de toda la denominación. Desde luego que algunos se regocijarán de que finalmente la Sra. White haya sido dejada de lado. Otros se lamentarán y llorarán buscando al Señor por consuelo, ‘ten piedad de tu pueblo, y no entregues tu herencia al reproche’. Y cuando caigamos atrapados en nuestra propia red, ¿se regocijarán las iglesias del mundo? Por favor, hermano, vea una manera de que ese libro no sea publicado. Será fatal. Si no existe ninguna obra expiatoria en progresión en el santuario celestial, entonces la denominación debe admitir su error abierta y claramente, y atenerse a las consecuencias. Dejemos a la hermana White de lado, y no sigamos defendiendo hipócritamente sus escritos; pero adulterarlos subterráneamente, y seguir pretendiendo que se trata de su obra ... Termino con una expresión de alta consideración para usted, enfrentando la mayor apostasía que la iglesia haya enfrentado jamás”.

El 18 de Septiembre de 1957 recibí esta comunicación: “Considero la materia a la cual se refiere usted como algo cerrado. No creo que usted tenga el derecho de usar las minutas de la mesa del White Estate como lo está haciendo. Las minutas son confidenciales y no son de uso público. Creo que nunca llegará el tiempo cuando tomemos la posición de condenar y disciplinar a hombres por dirigirse a una mesa adecuadamente constituida, para analizar cosas relativas a la obra y creencias de la iglesia”.
El 27 de Septiembre respondí: “Agradezco su carta del 18 de Septiembre, donde usted declara que considera ‘la materia a la cual se refiere usted como algo cerrado’. He solicitado una investigación. Usted se negó a hacerla. Ha perdonado a los hombres implicados en esto, y también ha dicho que yo no tengo el derecho a usar la información que he recibido, y que usted ha cerrado la puerta. Debo explicar que la única manera en que he usado la información es para informarlo a usted, y a nadie más. ¿Qué más podía hacer? Usted declaró que si esa información hubiese llegado a sus manos, usted no la habría usado. Eso es revelador. He considerado la instancia presente como la más grande apostasía que jamás ha ocurrido en esta denominación, ¡y esto usted quiere mantenerlo en secreto! Y ahora, usted ha cerrado la puerta ... No puedo creerlo, hermano Figuhr, que usted haya considerado la seriedad de la situación. Nuestro pueblo no va a prestarse para cualquier manipulación o tentativa de manipulación con los Testimonios. Les dará un sentimiento incómodo de que algo va mal en el liderazgo.
Lea nuevamente mi carta del 12 de Septiembre. Puede salvar la situación, pero solamente si desea abrir la cuestión. Está a punto de arruinar la denominación. Estoy orando por usted”.
Mi correspondencia con Washington continuó de esta manera hasta el 16 de Diciembre de 1957. Entonces recibí este ultimátum: “Ellos (los oficiales) han solicitado que usted cese en sus actividades”.
Tres días más tarde recibí estas palabras adicionales: “Esto lo colocará a usted en plena oposición con su iglesia, y cuestionará sin duda el asunto de su relación con la iglesia. En vista de todo esto, los oficiales, como le he escrito anteriormente, le solicitan formalmente que cese en sus actividades”.
Hasta aquí no había habido ninguna sugerencia al respecto de una audiencia. Simplemente se me ordenó que cesara en mis actividades, y que si no lo hacía, sin duda pondría en tela de juicio el asunto de mi relación con la iglesia. No había ninguna sugerencia de una entrevista. Simplemente se me ordenó que cesara mis actividades. Sería condenado sin apelación. La amenaza de que mi nombre saldría a consideración podía significar cualquier cosa. No había duda en relación a la justicia de mi queja. Ya había sido condenado; la única duda era cual iba a ser mi castigo.
Esto trajo a mi mente lo que se había publicado en el Eternity Extra, que nuestros hombres le habían “explicado al Sr. Martin que (los Adventistas) tenían entre ellos algunos miembros “lunáticos marginales, como hay muchos irresponsables en cada campo del Cristianismo fundamental”. En contraste con estos lunáticos marginales, ellos representaban el “sano liderazgo”. No sé cómo se condujeron nuestros dirigentes mientras estuvieron con los evangélicos, pero dejaron en ellos la impresión de que “el grupo mayoritario del sano liderazgo está determinado a frenar cualquier miembro que procure mantener puntos de vista divergentes a aquel que mantiene el liderazgo responsable de la denominación” Eternity Extra, Septiembre de 1956, página 2.
Dejemos que el lector pondere esto. Tenemos un sano liderazgo de acuerdo con su propia estimación. También tenemos lunáticos marginales irresponsables. Este sano liderazgo está determinado a frenar a “cualquier miembro que procure mantener puntos de vista divergentes a aquel que mantiene el liderazgo responsable de la denominación”.
Yo no podía creerlo cuando leí esto por vez primera. Aquí estaba yo, por cincuenta años un miembro honorable de la iglesia, habiendo sostenido posiciones de responsabilidad. Pero si tenía la osadía de mantener “puntos de vista divergentes de aquellos que tenía el liderazgo responsable de la denominación”, entonces pasé a ser un miembro “irresponsable”, formando parte de los “lunáticos marginales” de la denominación; y sin entrevista previa se me ordenó que cesara mis actividades, o me atuviera a la aplicación de los “frenos”. Si no tuviera los documentos ante mí, hubiera tenido dificultades en creer que un “sano liderazgo” fuese a tratar de reprimir la crítica y hacer amenazas contra cualquier miembro que sostuviera posturas divergentes con las de los responsables del liderazgo de la iglesia. ¿Habíamos llegado a esto? ¡Roma no fue mucho más lejos!
Algunos podrán objetar que esto no es más que lo que los evangélicos dicen de nuestros dirigentes. Pero permanece el hecho de que nuestros hombres nunca refutaron esos cargos. Mi propio caso deja claro que sin ningún juicio o audiencia, sería traído ante el tribunal, no para una audiencia, sino que para ser condenado por los hombres que se han constituido a sí mismos en jueces. Debemos tener en mente que esto ocurrió antes de la Conferencia general de 1958, antes que la nueva teología fuese oficialmente aceptada, y antes que la denominación tuviese una oportunidad de expresarse a sí misma sobre el asunto. Toda crítica pública tiene que cesar. Si yo no cesaba, “sin duda pondrá en tela de juicio el asunto de [mi] relación con la iglesia”. Se trataba de un ultimátum.
¿Cómo reaccioné? Como cualquiera en mi lugar habría hecho. Estaba ante una usurpación de autoridad. Escribí diciendo que yo era un hombre de paz, y que podía razonar, pero no podía ser amenazado. Sentí, y siento ahora, que esta denominación está enfrentando la apostasía mencionada hace tanto tiempo atrás, y que nuestros dirigentes están siguiendo el mismo procedimiento que el Espíritu de Profecía dice que seguirían, y que tengo el deber de no eludir. Lamento mucho que nuestros dirigentes, a través de sus actos, hayan hecho posible que nuestros enemigos hayan traído un merecido reproche a la causa de Dios. En mis primeras cartas mencioné una y otra vez que nuestros enemigos iban a descubrir más temprano o más tarde nuestras debilidades, y que las pondrían de relieve. Les supliqué a nuestros dirigentes que diesen explicaciones por lo que habían hecho; pero fue sin resultados. Estamos ahora cosechando lo que sembramos.
En mi próxima carta contaré los esfuerzos que he hecho para obtener una audiencia, no una audiencia secreta, sino que una audiencia pública, y si eso no fuese lo mejor, entonces una audiencia privada, pero una que pueda ser grabada y de la cual yo pudiese quedarme con una copia. No lo logré. Tengo que dar las razones documentadas de mi imposibilidad en obtener una entrevista grabada.
Se me ha preguntado qué es lo que pretendo hacer. He recibido cientos de cartas prometiendo ayuda si yo apenas hiciera alguna cosa. Respondí solamente a algunas de esas cartas, ya que es físicamente imposible para mí escribir cartas. He recibido muchas ofertas de consejo y dirección, pero no quiero implicar a otros. Se me han atribuido toda clase de motivos. Algunas buenas personas parecen no comprender que atribuir motivos es juzgar. También, parece imposible para algunos el entender que la doctrina en sí misma es suficientemente importante como para merecer una protesta. En esta crisis en la que ahora estamos, sería cobardía por mi parte el fallar en ponerme del lado del Señor, contra el enemigo.
He recibido tres delegaciones que intentaron razonar conmigo para hacer algo “práctico”. En efecto, decían: “Estamos con usted, pero usted no está manejando el asunto de una manera práctica. En el momento en que lo apoyemos, podemos, y así probablemente será, perder nuestros puestos (son ministros). Si usted tiene algo que ofrecernos, si quiere comenzar un nuevo movimiento al cual pudiéramos juntarnos, nosotros iremos con usted. Pero quedar sólo sin ningún prospecto, es irreal. No llegará a ninguna parte a menos que tenga algo que ofrecer”.
Les respondí que soy un Adventista del Séptimo Día, que no estoy interesado en iniciar ningún nuevo movimiento, y que no me interesa la ayuda de nadie que sostenga esos puntos de vista. Ese no es el tipo de material que permanecerá en la crisis que se avecina.
Yo soy un Adventista del Séptimo Día, que se regocija en la verdad. La justicia y la verdad van a triunfar al final. Espero que a medida que la verdad de la presente situación sea conocida, habrá hombres que protestarán y ejercerán una influencia suficiente como para lograr algunos cambios en nuestra organización que asegurarán que los hombres en oficios sagrados sean leales a la verdad que una vez fue entregada a los santos.
Termino esto con saludos entrañables para todos. Mi próxima carta al respecto de una audiencia será una carta interesante. Hasta entonces, que nuestro querido Señor esté con ustedes

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