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Colin Standish-Doctrinas de Hombres o Doctrinas de Dios

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Colin Standish-Doctrinas de Hombres o Doctrinas de Dios

Mensaje por Admin el Mar Mayo 18, 2010 6:48 am

Doctrinas de Hombres o Doctrinas de Dios.-

Como muchachos creciendo en la Iglesia Adventista del Séptimo Día escuchamos a menudo la repetida afirmación de que “No tenemos otro credo sino la Biblia”, “La Biblia y solamente la Biblia es nuestra base de fe y práctica”. A través de eso se estaba enfatizando que cada doctrina de la Iglesia Ad-ventista del Séptimo Día estaba apoyada en las Palabras de la Escritura. Existen aquellos que dicen que la Iglesia Adventista del Séptimo Día fue establecida en las palabras de una mujer. Obviamente, se están refiriendo a la hermana White. Pero eso es una falsa representación muy grave. Cada pilar de nuestra fe, ya sea el mensaje del santuario, el Sábado, el estado de la muerte, justificación por la fe, o la segunda venida, está basado en la Biblia. Mientras los Protestantes de la Reforma decían que sus cre-encias eran Sola Scriptura, el evangelio predicado por los pioneros Adventistas del Séptimo Día era demostrativamente Sola Scriptura. A medida que ellos estudiaban honestamente la Palabra de Dios (y no las palabras de los teólogos), rechazando la influencia de las tendencias teológicas de sus días y aquellas de la historia ya pasada, ellos descubrieron, a través del estudio honesto bajo el poder instruc-tivo del Espíritu Santo, el evangelio que Dios había traído a la luz para ser testimoniado en el tiempo del fin a todo el mundo.
Ellos estaban muy familiarizados con las advertencias de la Escritura. Ellos no pudieron continuar en la fe Protestante en la cual habían nacido, porque percibieron que muchas de las doctrinas de estas iglesias eran predicadas bajo las doctrinas de hombres y no de la Palabra de Dios. Jesús dijo, ¿por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?... Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición... Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres”. Mat. 15:3,6,9.
Mientras nosotros reconocemos que hubo un gran nivel de pureza de doctrina en la Iglesia Apostólica, también reconocemos que Satanás estuvo insinuando sus errores de muchas maneras; y muchos de los libros de la Biblia, especialmente las epístolas escritas por Pablo, fueron dirigidas contra las falsas doctrinas y sirvieron de advertencias para el pueblo de Dios para que sean cuidadosos en re-lación a esas doctrinas. Aquí hay algunas de esas advertencias:
“No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas”. Heb. 13:9.
“Para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina”. 1 Tim. 1:10.
“Todos los que están bajo el yugo de esclavitud, tengan a sus amos por dignos de todo honor, pa-ra que no sea blasfemado el nombre de Dios y la doctrina”. 1 Tim. 6:1.
“Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias”. 2 Tim. 4:3.
“Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que per-severa en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo”. 2 Juan 9.
“Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación"” Apoc. 2:14.
“Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco”. Apoc. 2:15.
Fue en la epístola a los Efesios que Pablo advirtió seriamente contra los vientos de doctrina.
“Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error”. Efe. 4:14.
Ciertamente hay también una solemne advertencia en el Espíritu de Profecía contra el aceptar fal-sas doctrinas:
“Muchos consideran una virtud el dudar; y se deleitan en encontrar algo en las Escrituras para perturbar las mentes de los demás. Ellos no entienden que se están enredando a sí mismos en la trampa del cazador. Existe un poder hechizante en el escepticismo. La incredulidad y la obstinación normal-mente andan lado a lado. Cuando un hombre ha cedido una vez al engaño de Satanás, encontrará casi imposible quebrar el encanto”. Signs of the Times, 8 de Junio de 1882.
Ciertamente existen aquellos que, diciendo que hay tantas dificultades para entender las doctri-nas, se alejan del entendimiento de la Palabra de Dios y adoptan las ideas de los catedráticos o de los teólogos o de los líderes o de los pastores. Pero esa es una decisión aun más peligrosa. Pablo alertó a Timoteo:
“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergon-zarse, que usa bien la palabra de verdad”. 2 Tim. 2:15.
Dios nos ha dado en estos días y en esta época la Biblia en nuestra propia lengua para que poda-mos estudiarla honesta y poderosamente, a través de la dirección del Espíritu Santo, para que lleguemos al conocimiento de la verdad que provee el medio para la eterna salvación.
Existen otros que creen que el evangelio es el antónimo de doctrina. En verdad, Colin se acuerda perfectamente de un amigo pastor que insistía con él en una ocasión, diciéndole, “¿Colin, por qué no predica a Cristo y no las doctrinas?”. Colin le preguntó, “¿Lo estoy entendiendo correctamente? Segu-ramente usted quiere decir que predique a Cristo a través de las doctrinas”. No existe un conflicto entre predicar a Cristo y las doctrinas. Ciertamente el único medio de conocer a Cristo completamente es a través de las doctrinas, ya que cada doctrina es una iluminación de la gracia salvadora, sacrificio y mi-nisterio sumo-sacerdotal de Jesucristo. ¿Cómo podríamos predicar la segunda venida sin predicar acerca de aquel que está viniendo con poder y gran gloria? ¿Cómo podemos predicar el mensaje del santuario sin predicar acerca de Aquel que es nuestro Sacrificio, nuestro Juez, nuestro Sumo Sacerdote, nuestro Intercesor, nuestro Mediador y nuestro Abogado? ¿Cómo podemos predicar acerca del estado de la muerte sin predicar acerca de Aquel que es la Resurrección y la Vida? ¿Cómo podemos predicar la jus-tificación por la fe sin predicar a Cristo que es nuestra justicia? ¿Cómo podemos predicar la ordenanza del bautismo a menos que el centro sea Aquel que renueva en nosotros Su vida a través de la conver-sión? Ciertamente el apóstol Pablo nos amonesta a darle mucha atención a la doctrina:
“Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza (en inglés dice doctri-na”. 1 Tim. 4:13.
Un estudio cuidadoso de las dos epístolas de Pablo a Timoteo y de la epístola a Tito sacan todas las dudas relacionadas con la importancia del estudio de las doctrinas de la Escritura.
Tan esencial es el estudio cuidadoso y hecho con oración, de la doctrina, que Pablo amonestó a Timoteo no solamente a prestar atención a las doctrinas sino que a continuar en ellas, porque al hacerlo se salvaría a sí mismo y a aquellos a los cuales estaba instruyendo.
“Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”. 1 Tim. 4:16.
En su segunda epístola a Timoteo, Pablo nos provee una lista de provechosos propósitos de doc-trina:
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”. 2 Tim. 3:16.
Hasta la reprensión divina tiene que estar basada en doctrina:
“Que prediques la Palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”. 2 Tim. 4:2.
Pero preste atención, la Biblia discrimina cuidadosamente entre doctrina sana y las falsas doctri-nas de Satanás. El patriarca Job dice que las doctrinas de Dios son puras:
“Tu dices: mi doctrina es pura, y yo soy limpio delante de tus ojos”. Job 11:4.
La Palabra de Dios amonesta al lector a ser fiel con la buena doctrina:
“Porque os doy buena enseñanza (en inglés dice doctrina), no desamparéis mi ley”. Prov. 4:2.
“Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido”. 1 Tim. 4:6.
Pablo insta a Tito a presentar la clara doctrina de tal manera que pueda estar habilitado a exhortar y a convencer a los contradictores.
“Retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sa-na enseñanza y convencer a los que contradicen”. Tito 1:9.
“Pero tu habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina”. Tito 2:1.
“Presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza (en inglés dice doctri-na) mostrando integridad, seriedad”. Tito 2:7.
Tan importante vio Pablo que era la doctrina para el testimonio cristiano, que él proclamó que la fidelidad de la vida adorna la doctrina de Dios.
“No defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador”. Tito 2:10.
Así el asunto más importante no es simplemente conocer la doctrina sino que vivirla como un re-presentante de nuestro Señor. Aun cuando existan las solemnes advertencias que Pablo les da a aquellos que siguen las doctrinas de los hombres.
“¿Por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: no manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Col. 2:20-22.
Además, Pablo alertó que eran las falsas doctrinas las que dividen la iglesia.
“Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los cora-zones de los ingenuos”. Rom. 16:17-18.
¿Acaso no hemos visto las fracturas en la unidad debido a la intromisión de falsas doctrinas en estos nuestros propios días? Sin embargo los que han permanecido firmes e inamovibles en la fe dada a los santos, han sido los acusados de haber dividido Israel, por aquellos que han instado con doctrinas espúreas sobre los miembros de la iglesia de Dios. Estemos atentos para no hacer parte de aquellos que profesan el evangelio de Jesucristo pero que no lo viven. Hay una terrible maldición para aquellos que poseen tal profesión. Ciertamente no debemos apoyar a alguien así.
“Si Dios pronuncia una aflicción sobre aquellos que son llamados a predicar la verdad y se rehu-san a obedecer, una aflicción mayor cae sobre aquellos que toman sobre si esta sagrada obra sin manos limpias y corazones puros. Como también existen aflicciones para aquellos que predican la verdad mientras no están santificados ni en el corazón ni en la vida, como también hay aflicciones para aquellos que reciben y mantienen lo no santificado en la posición en la cual no puede ser desempeñada”. 2 Testimonies: 552.
La respuesta a la doctrina que Cristo nos ha dado no solo es importante para nuestro testimonio, sino que es importante para nuestro discernimiento y para nuestra salvación.
“Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad”. Juan 17:17.
Trágicamente en este tiempo del fin, muchos profesores en nuestro medio enseñan una doctrina que es contraria al evangelio eterno y al mensaje del tercer ángel. Tales profesores son apoyados por miembros de iglesias no consagrados, los cuales están deseosos de vivir vidas mundanas, y se sienten halagados por aquellos predicadores que los arrullan en una seguridad carnal. Ellos no disciernen que estos predicadores los están preparando, no para la vida eterna, sino que para la destrucción eterna.
“Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias”. 2 Tim. 4:3.
Este libro no ha sido escrito con tal objetivo. Más bien él presenta claramente la verdad de Dios tal como esta es revelada en las santas Escrituras en toda su pureza. El testimonio preciso es dado de tal manera que las preciosas almas por las cuales Cristo murió puedan prestar atención a la amonestación del Señor, y puedan seguir los mensajes de la verdad y de santidad y, a su vez, puedan inspirar a otros con el evangelio de la salvación. El objetivo de este volumen es el de preparar al remanente final, el cual permanecerá en pie por la Palabra de la Inspiración y los cuales serán llevados al hogar celestial

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