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Elena G de White-Los Mártires

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Elena G de White-Los Mártires

Mensaje por Admin el Mar Jun 01, 2010 9:24 am

Los Mártires

1.- Mat. 24:9-14
2.- Mar. 13:9-13
3.- Luc. 21:12-17
4.- Luc. 6:22-23
5.- Juan 15:18-21
6.- Juan 17:14
7.- 2 Tim. 3:1-5,12
8.- Rom. 12:14
9.- 1 Cor. 4:12-13
10.- Hechos 14:22
11.- Apoc. 6:9
12.- Apoc. 17:6
“Mediante la iluminación del Espíritu Santo, las escenas de la lucha secular entre el bien y el mal fueron reveladas a quien escribe estas páginas. En una y otra ocasión se me permitió contemplar las peripecias de la gran lucha secular entre Cristo, Príncipe de la vida, Autor de nuestra salvación, y Satanás, príncipe del mal, autor del pecado y primer transgresor de la santa ley de Dios. La enemistad de Satanás contra Cristo se ensañó en los discípulos del Salvador. En toda la historia puede echarse de ver el mismo odio a los principios de la ley de Dios, la misma política de engaño, me-diante la cual se hace aparecer el error como si fuese la verdad, se hace que las le-yes humanas substituyan las leyes de Dios, y se induce a los hombres a adorar la cria-tura antes que al Creador. Los esfuerzos de Satanás para desfigurar el carácter de Dios, para dar a los hombres un concepto falso del Creador y hacer que le conside-ren con temor y odio más bien que con amor; sus esfuerzos para suprimir la ley de Dios, y hacer creer al pueblo que no está sujeto a las exigencias de ella; sus perse-cuciones dirigidas contra los que se atreven a resistir a sus engaños, han seguido con rigor implacable. Se pueden ver en la historia de los patriarcas, de los profetas y apóstoles, de los mártires y reformadores.
En el gran conflicto final, Satanás empleará la misma táctica, manifestará el mismo espíritu y trabajará con el mismo fin que en todas las edades pasadas. Lo que ha sido, volverá a ser, con la circunstancia agravante de que la lucha venidera será señalada por una intensidad terrible, cual el mundo no la vio jamás. Las seducciones de Satanás serán más sutiles, sus ataques más resueltos. Si posible le fuera, engañaría a los escogidos mismos. (Marcos 13:22)”. CS:13.
“¿Por qué fueron inmolados Jesucristo y todos los mártires? Porque parecieron despreciar orgullosamente la sabiduría de su tiempo y porque anunciaron noveda-des, sin haber consultado previa y humildemente a los órganos de la opinión contra-ria". CS:140.
“Los Lolardos, que vinieron de Inglaterra con la Biblia y las enseñanzas de Wiclef, hicieron mucho por conservar el conocimiento del Evangelio, y cada siglo tuvo sus confesores y sus mártires”. CS:291.
“La confesión de fe que hicieron los santos y los mártires fue registrada para be-neficio de las generaciones venideras. Los ejemplos vivos de santidad y de perseve-rante integridad llegaron hasta nosotros para inspirar valor a los que son llamados ahora a actuar como testigos de Dios. Recibieron gracia y verdad, no para sí solos, sino para que, por intermedio de ellos, el conocimiento de Dios iluminase la tierra. ¿Ha dado Dios luz a sus siervos en esta generación? En tal caso deben dejarla brillar para el mundo”. CS:513.
“Sin embargo, por lo que ven los hombres, parecería que los hijos de Dios tuvie-sen que sellar pronto su destino con su sangre, como lo hicieron los mártires que los precedieron. Ellos mismos empiezan a temer que el Señor los deje perecer en las manos homicidas de sus enemigos. Es un tiempo de terrible agonía. De día y de no-che claman a Dios para que los libre. Los malos triunfan y se oye este grito de burla: "¿Dónde está ahora vuestra fe? ¿Por qué no os libra Dios de nuestras manos si sois verdaderamente su pueblo?" Pero mientras esos fieles cristianos aguardan, recuerdan que cuando Jesús estaba muriendo en la cruz del Calvario los sacerdotes y príncipes gritaban en tono de mofa: "A otros salvó, a sí mismo no puede salvar: si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él." (Mateo 27:42). Como Jacob, todos luchan con Dios. Sus semblantes expresan la agonía de sus almas. Están pálidos, pero no dejan de orar con fervor.
Si los hombres tuviesen la visión del cielo, verían compañías de ángeles podero-sos en fuerza estacionados en torno de los que han guardado la palabra de la pa-ciencia de Cristo. Con ternura y simpatía, los ángeles han presenciado la angustia de ellos y han escuchado sus oraciones. Aguardan la orden de su jefe para arrancarlos al peligro. Pero tienen que esperar un poco más. El pueblo de Dios tiene que beber de la copa y ser bautizado con el bautismo. La misma dilación que es tan penosa para ellos, es la mejor respuesta a sus oraciones. Mientras procuran esperar con confianza que el Señor obre, son inducidos a ejercitar su fe, esperanza y paciencia como no lo hicieron durante su experiencia religiosa anterior. Sin embargo, el tiempo de angustia será acortado por amor de los elegidos. "¿Y acaso Dios no defenderá la causa de sus escogidos, que claman a él día y noche?... Os digo que defenderá su causa presto". (Lucas 18:7-8, V.M.) El fin vendrá más pronto de lo que los hombres es-peran. El trigo será recogido y atado en gavillas para el granero de Dios; la cizaña será amarrada en haces para los fuegos destructores.
Los centinelas celestiales, fieles a su cometido, siguen vigilando. Por más que un decreto general haya fijado el tiempo en que los observadores de los mandamientos puedan ser muertos, sus enemigos, en algunos casos, se anticiparán al decreto y tratarán de quitarles la vida antes del tiempo fijado. Pero nadie puede atravesar el cordón de los poderosos guardianes colocados en torno de cada fiel. Algunos son atacados al huir de las ciudades y villas. Pero las espadas levantadas contra ellos se quiebran y caen como si fueran de paja. Otros son defendidos por ángeles en forma de guerreros”. CS:688-689.
“El ojo de Dios, al mirar al través de las edades, se fijó en la crisis a la cual tendrá que hacer frente su pueblo, cuando los poderes de la tierra se unan contra él. Como los desterrados cautivos, temerán morir de hambre o por la violencia. Pero el Dios santo que dividió las aguas del Mar Rojo delante de los israelitas manifestará su gran poder libertándolos de su cautiverio. "Ellos me serán un tesoro especial, dice Jehová de los ejércitos, en aquel día que yo preparo; y me compadeceré de ellos, como un hombre se compadece de su mismo hijo que le sirve". (Mal. 3:17, V.M.) Si la sangre de los fieles siervos de Cristo fuese entonces derramada, no sería ya, como la sangre de los mártires, semilla destinada a dar una cosecha para Dios. Su fidelidad no sería ya un testimonio para convencer a otros de la verdad, pues los corazones endurecidos han rechazado los llamamientos de la misericordia hasta que éstos ya no se dejan oír. Si los justos cayesen entonces presa de sus enemigos, sería un triunfo para el príncipe de las tinieblas. El salmista dice: "Me esconderá en su pabellón en el día de calamidad; me encubrirá en lo recóndito de su Tabernáculo." (Salmo 27:5, V.M.) Cris-to ha dicho: "¡Ven, pueblo mío, entra en tus aposentos, cierra tus puertas sobre ti; escóndete por un corto momento, hasta que pase la indignación! Porque he aquí que Jehová sale de su lugar para castigar a los habitantes de la tierra por su iniqui-dad." (Isaías 26:20-21, V.M.) Gloriosa será la liberación de los que lo han esperado pacientemente y cuyos nombres están escritos en el libro de la vida”. CS:692.
“Entre la multitud de los rescatados están los apóstoles de Cristo, el heroico Pa-blo, el ardiente Pedro, el amado y amoroso Juan y sus hermanos de corazón leal, y con ellos la inmensa hueste de los mártires; mientras que fuera de los muros, con todo lo que es vil y abominable, se encuentran aquellos que los persiguieron, encarce-laron y mataron”. CS:725.
“Los discípulos no fueron dotados del valor y la fortaleza de los mártires hasta que necesitaron esta gracia”. DTG:321.
“En los niños que eran puestos en relación con él, Jesús veía a los hombres y mu-jeres que serían herederos de su gracia y súbditos de su reino, algunos de los cuales llegarían a ser mártires por su causa. El sabía que estos niños le escucharían y acep-tarían como su Redentor con mayor facilidad que los adultos, muchos de los cuales eran sabios en las cosas del mundo y de corazón endurecido. En su enseñanza, él descendía a su nivel. El, la Majestad del cielo, no desdeñaba contestar sus preguntas y simplificar sus importantes lecciones para adaptarlas a su entendimiento infantil. Implantaba en sus mentes semillas de verdad que en años ulteriores brotarían y dar-ían fruto para vida eterna”. DTG:473-474.
“En todo tiempo los mensajeros elegidos de Dios fueron víctimas de insultos y persecución; no obstante, el conocimiento de Dios se difundió por medio de sus aflicciones. Cada discípulo de Cristo debe ocupar un lugar en las filas para adelan-tar la misma obra, sabiendo que todo cuanto hagan los enemigos redundará en fa-vor de la verdad. El propósito de Dios es que la verdad se ponga al frente para que llegue a ser tema de examen y discusión, a pesar del desprecio que se le haga. Tiene que agitarse el espíritu del pueblo; todo conflicto, todo vituperio, todo esfuerzo por limitar la libertad de conciencia son instrumentos de Dios para despertar las mentes que de otra manera dormirían.
¡Cuán frecuentemente se ha visto este resultado en la historia de los mensajeros de Dios! Cuando apedrearon al elocuente y noble Esteban por instigación del Sa-nedrín, no hubo pérdida para la causa del Evangelio. La luz del cielo que glorificó su rostro, la compasión divina que se expresó en su última oración, llegaron a ser como una flecha aguda de convicción para el miembro intolerante del Sanedrín que lo observaba, y Saulo, el fariseo perseguidor, se transformó en el instrumento escogido para llevar el nombre de Cristo a los gentiles, a los reyes y al pueblo de Israel. Mucho después, el anciano Pablo escribió desde su prisión en Roma: "Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda. . . No sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones... No obstante, de todas maneras, o por pretexto o por ver-dad, Cristo es anunciado". Gracias al encarcelamiento de Pablo, se diseminó el Evangelio y hubo almas que se salvaron para Cristo en el mismo palacio de los césa-res. Por los esfuerzos de Satanás para destruirla, la simiente "incorruptible" de la Pala-bra de Dios, la cual "vive y permanece para siempre" se esparce en los corazones de los hombres; por el oprobio y la persecución que sufren sus hijos, el nombre de Cristo es engrandecido y se redimen las almas.
Grande es la recompensa en los cielos para quienes testifican por Cristo en me-dio de la persecución y el vituperio. Mientras que los hombres buscan bienes transito-rios, Jesús les indica un galardón celestial. No lo sitúa todo en la vida venidera sino que empieza aquí mismo. El Señor se manifestó a Abrahán, y le dijo: "Yo soy tu escu-do, y tu galardón será sobremanera grande". Este es el galardón de todos los que si-guen a Cristo. Verse en armonía con Jehová Emmanuel, "en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento" y en quien "habita corporalmen-te toda la plenitud de la Deidad", conocerlo, poseerlo, mientras el corazón se abre más y más para recibir sus atributos, saber lo que es su amor y su poder, poseer las ri-quezas inescrutables de Cristo, comprender mejor "cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura", y "conocer el amor de Cristo, que excede a todo cono-cimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios", "ésta es la herencia de los siervos del Señor, ésta es la justicia que deben esperar de mí, dice el Señor'”. DMJ:31-33.
“Lo mejor que podemos hacer es estar en estrecha comunión con Dios, y si él quiere permitir que seamos mártires por causa de la verdad, esto puede ser el medio de traer a muchos otros a la verdad. 3MS:480 (1886)”.
“Tenemos delante de nosotros la perspectiva de una lucha larga, con riesgo de encarcelamiento, pérdida de bienes y aun de la vida misma, para defender la ley de Dios”. 2JT:319 (1889).
“Se requerirá de los hombres que rindan obediencia a los edictos humanos en violación de la ley divina. Los que sean fieles a Dios y al deber serán amenazados, denunciados y proscritos. Serán traicionados por "padres, y hermanos y parientes, y amigos", aun hasta la muerte”. PR:431 (c. 1914).
“No hemos de poseer el valor y la entereza de los mártires de antaño hasta que seamos colocados en la situación en que ellos se encontraron... Si retornaran los días de la persecución, habría gracia suficiente para despertar cada energía del alma que manifestase verdadero heroísmo. NEV:127 (1889).
“Descubriremos que tendremos que desprendernos de todas las manos excepto de la de Jesucristo. Los amigos demostrarán su perfidia y nos traicionarán. Nuestros familiares, engañados por el enemigo y convencidos de que están sirviendo a Dios, nos harán frente y pondrán su máximo empeño para ponernos en situaciones difíciles con la esperanza de que reneguemos de nuestra fe. Pero podremos poner con-fiadamente nuestra mano en la de Cristo en medio de las tinieblas y el peligro”. Ma-ranata:195 (1889).
“El pueblo de Dios no quedará libre de padecimientos; pero aunque perseguido y acongojado, y aunque sufra privaciones y falta de alimento, no será abandonado para perecer”. CS:687 (1911).
“Cuando Caín, movido por el espíritu malo, vio que no podía dominar a Abel, se enfureció tanto que le quitó la vida. Y dondequiera haya quienes se levanten para vindicar la justicia de la ley de Dios, el mismo espíritu se manifestará contra ellos. Es el espíritu que a través de las edades ha levantado la estaca y encendido la hoguera para los discípulos de Cristo. Pero las crueldades perpetradas contra ellos son insti-gadas por Satanás y su hueste porque no pueden obligarlos a que se sometan a su dominio. Es la ira de un enemigo vencido. Todo mártir de Jesús murió vencedor. El profeta dice: "Ellos le han vencido ["la serpiente antigua, que se llama Diablo y Sa-tanás"] por la sangre del Cordero, y por la palabra de su testimonio; y no han amado sus vidas hasta la muerte."(Apoc. 12:11, 9)”. PP:63.
“Junto al trono estaban los que antes habían sido celosos promotores de la causa de Satanás pero que, rescatados como tizones arrebatados del incendio, habían seguido al Salvador con profunda e intensa devoción. Detrás estaban los que perfeccionaron caracteres cristianos en medio de la falsedad y la infidelidad, los que honraron la ley de Dios cuando el mundo cristiano la declaró nula, y los millones de todas las épocas que cayeron como mártires por causa de su fe. Y más atrás aún estaba la "gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas... estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vesti-dos de ropas blancas, y con palmas en las manos" (Apoc. 7:9). Su lucha había con-cluido, su victoria ya había sido lograda. Habían corrido la carrera y habían alcan-zado el premio. La palma que tenían en la mano era el símbolo de su triunfo, la ves-tidura blanca era un emblema de la justicia inmaculada de Cristo, que entonces les pertenecía.
Los redimidos elevaron un himno de alabanza que sonó y resonó por la bóveda celeste: "La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero". Los ángeles y los serafines unieron sus voces en adoración. Puesto que los redimidos habían experimentado el poder y la maldad de Satanás, se dieron cuenta, como nunca antes, que sólo el poder de Cristo podía darles la victoria. En toda esa resplandeciente multitud nadie se adjudicó la salvación a sí mismo, ni creyó que había triunfado gracias a su propio poder y su voluntad. Nada dijeron con respecto a lo que hicieron o sufrieron; por el contrario, el tema de cada cántico, la nota tónica de cada himno era: "La salvación pertenece a nuestro Dios... y al Cordero" (Apoc. 7:10)”. HR:441-442.
“De las cenizas de los mártires brotó una abundante cosecha para Dios”. HAp:371.

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