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Marshal Grosbol -Batalla contra el error

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Marshal Grosbol -Batalla contra el error

Mensaje por Admin el Lun Mayo 31, 2010 7:39 am

Batalla contra el error.-


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No es suficiente el simple hecho de profesar creer la verdad. Todos los soldados de la cruz de Cristo se obligan virtualmente a entrar en la cruzada contra el adversario de las almas, a condenar lo malo y sostener la justicia. Pero el mensaje del Testigo Fiel revela el hecho de que nuestro pueblo está sumido en un terrible engaño, que impone la necesidad de amonestarlo para que interrumpa su sueño espiritual y se levante a cumplir una acción decidida” (Joyas de los Testimonios, t. 1, p. 229).
Elena de White dice que algo debe despertar a nuestro pueblo para una acción decidida. Algo debe pasar a fin de despertar a la gente. “Muchos están tentados con respecto a nuestra obra y la están poniendo en tela de juicio. [Se está refiriendo a su tarea al visitar las iglesias con James White, para hacer llamados al arrepentimiento, el reavivamiento y la reforma.]. Algunos, en su condición tentada, atribuyen las dificultades y perplejidades del pueblo de Dios a los testimonios de reproche que les han sido dirigidos. Piensan que la dificultad estriba en aquellos que dan el mensaje de amonestación, que señalan los pecados de la gente y corrigen sus errores. Muchos son engañados por el adversario de las almas. Piensan que las labores de los hermanos White serían aceptables si no estuviesen continuamente condenando lo malo y reprendiendo el pecado. Me fue mostrado que Dios nos ha impuesto esta obra, y cuando se nos impide reunirnos con los hermanos [esto fue escrito al comienzo de su ministerio y estaban tratando de impedirles que se presentaran delante de la gente porque su mensaje era demasiado directo] y dar nuestro testimonio, y nos vemos contrarrestados por las sospechas y los celos de los que no son consagrados, entonces Satanás impulsa enérgicamente sus tentaciones. Los que han estado siempre de parte de los que dudan, se sienten libres para sugerir sus dudas e insinuar su incredulidad. Algunos tienen dudas puntillosas y aparentemente concienzudas y muy piadosas, que dejan caer con cautela; pero tienen diez veces más poder para fortalecer a los que están en el error y para disminuir nuestra influencia y debilitar la confianza del pueblo de Dios en nuestra obra, que si se nos opusiesen más francamente” (Testimonios Selectos, t. 3, p. 150).



Neutral versus enemigo declarado.-



Ella dijo que si esas personas los hubieran atacado cruelmente, no habrían hecho ni la décima parte del daño que hicieron al decir que eran amigos, mientras dejaban caer semillas de duda en el camino. ¿Qué dice Dios? ¡Ojalá fueses frío o caliente! Él dice que hay más esperanza para un enemigo declarado que para alguien que permanece neutral. ¡Maldito eres, Meroz! Maldito eres rigurosamente porque no hiciste nada. No estabas contra nosotros ni viniste a la batalla con nosotros. ¡Maldito eres, Meroz!. Eres peor que si hubieras sido nuestro enemigo: ¡diez veces peor! “Vi que estas pobres almas están engañadas por Satanás. Se lisonjean de que se encuentran bien, de que gozan del favor de Dios y son ricas en discernimiento espiritual, cuando son pobres, ciegas y miserables. Están haciendo la obra de Satanás, pero creen tener celo por Dios” (Ibíd., p. 150). ¿Podemos estar más ciegos espiritualmente que cuando creemos que somos fervientes y celosos por la causa de Dios, y sin embargo somos instrumentos de Satanás? De esto trata el mensaje de Laodicea.



La apostasía demanda acción.-



¿Qué despierta a la gente de la tibieza de Laodicea? En los días de Elías el pueblo de Dios estaba ciego a su necesidad espiritual, y el profeta intervino. “Mientras Elías veía a Israel hundirse cada vez más en la idolatría, su alma se angustiaba y se despertó su indignación. Dios había hecho grandes cosas para su pueblo. Lo había libertado de la esclavitud y le había dado las tierras de las gentes; . . . para que guardasen sus estatutos, y observasen sus leyes (Salmo 105:44-45). Pero los designios benéficos de Jehová habían quedado casi olvidados. La incredulidad iba separando rápidamente a la nación escogida de la Fuente de su fortaleza. Mientras consideraba esta apostasía desde su retiro en las montañas, Elías se sentía abrumado de pesar. Con angustia en el alma rogaba a Dios que detuviese en su impía carrera al pueblo una vez favorecido, que le enviase castigos si era necesario, para inducirlo a ver lo que realmente significaba su separación del Cielo. Anhelaba verlo inducido al arrepentimiento antes de llegar en su mal proceder al punto de provocar tanto al Señor que lo destruyese por completo.

“La oración de Elías fue contestada. Las súplicas, reprensiones y amonestaciones que habían sido repetidas a menudo no habían inducido a Israel a arrepentirse. Había llegado el momento en que Dios debía hablarle por medio de los castigos. Por cuanto los adoradores de Baal aseveraban que los tesoros del cielo, el rocío y la lluvia, no provenían de Jehová, sino de las fuerzas que regían la naturaleza, y que la tierra era enriquecida y hecha abundantemente fructífera mediante la energía creadora del sol, la maldición de Dios iba a descansar gravosamente sobre la tierra contaminada. Se iba a demostrar a las tribus apóstatas de Israel cuán insensato era confiar en el poder de Baal para obtener bendiciones temporales. Hasta que dichas tribus se volviesen a Dios arrepentidas y le reconociesen como fuente de toda bendición, no descendería rocío ni lluvia sobre la tierra” (Profetas y Reyes, pp. 87, 88).

¿Es deber del cristiano rogar para que Dios envíe juicios sobre su pueblo? Santiago 5 dice que Elías oró intensamente para que no lloviera. ¿Comprendemos lo que debe ser la vida de un cristiano en esta tierra? No es una vida pacífica, placentera, sino una vida activa para asegurar el honor y la gloria de Dios.

Elena de White escribe acerca de una clase de gente que acarrean desánimo sobre el pueblo de Dios porque están en una condición vacilante: “Dios le puede dar a esta gente otra prueba, otra oportunidad, a fin de demostrar que no están mejor preparados ahora, para estar libres de toda rebelión y pecado, que antes de haber hecho sus confesiones. Tienen la inclinación de estar siempre del lado del mal. Y cuando se extienda el llamado a los que estarán del lado del Señor para que asuman una posición decidida a fin de vindicar la verdad, entonces manifestarán su verdadera posición. Los que han estado dominados casi todas la vida por un espíritu tan ajeno al Espíritu de Dios como lo fue Acán, serán muy pasivos cuando llegue el momento de llevar a cabo una acción decidida de parte de todos. Pretenderán no estar ni en un lado ni en el otro” (Testimonies, t. 3, pp. 27l, 272).

Hay más de un Acán en el campamento. Son los que afirman que no están en ningún bando. Pero la hermana White dice; que están siempre en el lado equivocado. Se ponen justo en el medio y dicen: “No pertenezco a ningún bando porque hay faltas en ambos lados. Siempre trato de ver sólo lo bueno en todas partes. Mi misión es unir a la gente”. No asumen ninguna posición; no se ponen de ningún lado. Son como Acán, al no asumir ninguna posición siempre están en el lado equivocado, aunque se crean muy pasivos. Sigue diciendo, “Los que son auténticos y leales no ocultarán ese hecho, sino que dedicarán el corazón y las fuerzas a la obra, y arriesgarán todo en la lucha, no importa cómo resulte la batalla. Dios es un Dios que aborrece el pecado. Y maldecirá a los que apoyan al pecador diciéndole; todo va bien contigo” (Ibíd., p. 272
¿Quiere usted estar bajo la maldición de Dios? Es más placentero halagar a la gente para que se sienta bien, aún cuando no sienta el deseo de hacerlo. Pero en ese halago, si no es merecido, hay una maldición. La hermana White ilustra esta neutralidad con el caso de Moisés y Aarón. Al hacer el becerro de oro Aarón fue un prototipo de Laodicea. Cuando Moisés descendió de la montaña se indignó. En su ira arrojó en tierra los Diez Mandamientos. Pero Aarón que dirigió esa apostasía, vino y con calmada seguridad suavizó los temperamentos. La señora de White dice “La calmada seguridad en una conducta errada le dio a Aarón mayor influencia sobre el pueblo que la que podría haber tenido Moisés si los hubiera guiado hacia una actitud correcta y subyugado su rebelión” (Ibíd., p. 300.1). Noten que Aarón tuvo influencia sobre la gente porque era tan tranquilo, que podía tomar todo con calma. Les dio a todos una seguridad placentera.

“Cuando Moisés bajó del monte con las dos tablas de piedra y vio a Israel adorando al becerro de oro, se airó grandemente y, arrojando al suelo las tablas, las hizo pedazos. Vi que Moisés no pecó en esto; se airó por Dios, celoso por su gloria” (Primeros Escritos, p. 163). “Aarón se mantuvo mansamente a un costado, y soportó la censura de Moisés con loable paciencia. La gente quedó encantada con la amable actitud de Aarón, y disgustada con la aspereza de Moisés. Pero Dios no ve como el hombre ve. No condenó el ardor y la indignación de Moisés frente a la degradante apostasía de Israel” (Testimonies, t. 3, p. 300.3). No puede haber peor ceguera que la que se manifiesta cuando uno piensa que está bien, cuando en realidad está arruinado.

Lo que necesitamos.-



“La mayor necesidad del mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos” (La Educación, p. 54). Amigo, si se mantiene firme de parte de la verdad, se pueden desplomar los cielos.

Cuando Jesús vino, la iglesia estaba en un estado de apostasía, por lo que él trató de producir una reforma y un reavivamiento, pero no hay nada que se resista más a la reforma y el reavivamiento que una iglesia que cree que está bien. Al principio a Jesús lo seguían grandes multitudes, pero éstas disminuyeron hasta el punto de que finalmente lo colgaron solo en una cruz. Él les advirtió a sus discípulos al principio de su ministerio: “No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Porque he venido a volver al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra. Y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. El que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz, y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halle su vida, la perderá; y el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 10:34-39).



En defensa de la verdad: no de sí mismo.-



Hoy el Señor está buscando un ejército. Un ejército de obreros que se despojen de sí mismos. No busca gente que se mantenga firme en su orgullo y su arrogancia. No busca personas independientes como lo fue Lucifer, sino gente humilde, que no se considere muy importante y que esté dispuesta a lavar los pies de los demás. Busca gente que, como Jesús, busque agradar a otros, siempre que puedan hacerlo con conciencia limpia. Dios busca gente que tenga un espíritu de amor, gente paciente. Dios quiere un pueblo que no luche por sus propios derechos, sino que esté dispuesto a sufrir el mal antes de defenderse a sí mismo. Si nos quitan el cargo que desempeñábamos en la iglesia, que así sea. Dejen que otros se encarguen de eso. Dios puede tener un plan mejor para nosotros. Quizá quiere que nos ocupemos de los necesitados. Siendo que la Biblia dice que se debe hacer todo decentemente y en orden, el Señor no busca gente que se ponga de pie en medio de un servicio de la iglesia para provocar desorden: quizás llegue un momento tal, pero debemos estar seguros de que es solamente bajo la influencia del Espíritu Santo, y no-consecuencia de nuestros propios impulsos. Dios no espera que saquemos la mota del ojo de nuestro hermano cuando tenemos una viga en el nuestro. Dios no busca gente insidiosa, criticona, con las que es muy difícil llevarse bien, tampoco fanáticas. Busca gente que se mantendrá firme de parte de la verdad aunque se desplomen los cielos. Gente activa en la causa de la justicia y que no permanezca al margen mientras las almas se pierden por causa de sermones complacientes y tibios que se dan desde el púlpito semana tras semana. Gente que haga algo, que proteste en alguna forma y que no se canse. Que como los hombres de David, tomen la espada y no la depongan hasta ganar la victoria. Sus manos podrán agotarse, pero se mantendrán aferrados a esa espada, la espada del Espíritu. Tenemos espadas en el Antiguo Testamento y en el Nuevo también. En el Antiguo Testamento la espada es literal. En el Nuevo es figurada, es la espada del Espíritu. “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12

Queridos amigos: Dios busca gente que esté dispuesta a sacrificar el ego, el honor, y todo lo que tienen, para poner en alto la bandera de la verdad. ¿Cuántos van a responder a este llamado? Dios ha dado un mensaje. Dijo: “Soy el testigo fiel y verdadero”. “Conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente”. “Desearía que fueras lo uno o lo otro, pero, porque eres tibio, ni frío ni caliente, estoy por vomitarte de mi boca. Tú dices: ‘Yo soy rico, estoy enriquecido, y nada necesito’. Por lo tanto, te aconsejo que compres de mí oro afinado en fuego, para que seas rico; vestidos blancos, para cubrir la vergüenza de tu desnudez; y colirio para ungir tus ojos y puedas ver” (Apocalipsis 3:18

Señor, ¡danos ese oro hoy!. El oro de la fe y del amor. El oro del que ama a Dios, su verdad, y su honor tanto que está dispuesto a permanecer firme por la honra y la gloria de Dios, y no el suyo propio, aunque se desplomen los cielos. “Vestidos blancos, para cubrir la vergüenza de tu desnudez; y colirio para ungir tus ojos y puedas ver”

Queridos amigos, es mi anhelo que suficientemente ungidos, nuestros ojos puedan ver que la neutralidad es peor que la apostasía
]“Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Sé, pues, celoso, y arrepiéntete. Yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a su casa, y cenaré con él, y él conmigo” “Al que venza”. Hay algo que vencer. Hay algo que Meroz debe vencer. Hay algo que Capernaúm debe vencer. Y hay algo que Laodicea debe vencer. Amigo querido: Dios busca vencedores hoy. Gente que venza su timidez y su cobardía frente al peligro. Busca un pueblo que esté firme en el temor de Dios y que permanezca de parte de la verdad y la justicia. “Al que venza, le daré que se siente conmigo en mi trono; así como he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apocalipsis 3:19-22).

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 2:11).

“Dios ha suscitado a hombres para hacer frente a la necesidad de este tiempo que clamarán en alta voz y no callarán, que alzarán la voz como trompeta, y anunciarán a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado. Su obra no es solamente proclamar la ley sino predicar la verdad para este tiempo. Jehová justicia nuestra. ¡La maldición de Meroz descansará sobre los que no vienen ahora en ayuda del Eterno contra los fuertes! Con el espíritu de Elías bien podemos formularnos esta pregunta. ¿Por cuánto tiempo más vacilaréis entre dos opiniones? Si el Señor es Dios, seguidle. Pero si Baal lo es, servidlo” (Review & Herald, 13 de agosto de 1889).

Querido amigo: ¿Está dispuesto usted a permanecer firme de parte del Señor aunque se desplomen los cielos? ¿Está dispuesto a decir: “No quiero la maldición de Meroz, no quiero claudicar entre dos opiniones, ni a favor ni en contra, sino que quiero estar firme por el Señor aunque se desplomen los cielos?” Oh, querido amigo; el Señor está dispuesto a derramar su Santo Espíritu hoy, y es mi anhelo que entre nosotros, guiados por la mano de Dios, ocurra un reavivamiento y una reforma tales, que se disemine por las iglesias y las asociaciones con una determinación decidida, para dar vuelta las cosas. En Selected Gems, v. 2, p. 283-284, Elena de White dice que se requiere algo más que un mensaje sencillo, algo que pueda incitar a los que están subyugados por el enemigo, algo que pueda vivificar a la iglesia hoy. Es hora de que Jesús venga. Yo quiero ir a casa. No quiero quedarme en esta tierra para siempre. Es el momento de estar firmes de parte del Señor y entonces veremos cómo obra el Espíritu de Dios. Oremos para que el Espíritu Santo nos capacite a fin de hacer la obra que el Señor nos ha llamado a hacer
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