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Alonso T Jones-Individualidad en religion Relacionada a la Misma Iglesia

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Alonso T Jones-Individualidad en religion Relacionada a la Misma Iglesia

Mensaje por Admin el Lun Mayo 24, 2010 12:22 pm

1-Hemos visto que ningún gobierno monárquico, tiene derecho a forzar o requerir observancia religiosa, y cuando tal poder impera, el derecho de individualidad en religión es supremo y la palabra del monarca debe cambiar.
2-Hemos hallado también que ningún gobierno en el que la ley siendo suprema, tiene derecho a poner dentro de la ley del imperio, estatuto, decreto o prohibición tocante a la religión; y cuando tales cosas son hechas, el derecho de individualidad en religión es supremo, y es inocente delante de Dios y per-fectamente inocente ante el gobierno, ante la ley, y ante la sociedad, quien hace caso omiso de tal ley.
3-Hallamos que la iglesia no tiene derecho a controlar el poder civil para la ejecución de sus deseos, o propósitos, y que cuando lo hace así, una conexión de iniquidad es formada y sólo el don satánico es la posesión de tal iglesia, y el derecho de individualidad en religión es todavía supremo para ser libremente ejercido.
Hay sin embargo, otra combinación por medio de la cual el dominio del hombre en la religión ha sido buscado; ésta es la misma iglesia - La iglesia en sí misma- con relación al miembro de la iglesia. Y en esto, sea en principio o en hechos de trascendental experiencia, las Escrituras no son menos explícitas que cualquiera de los ejemplos dados sobre este tema.
Ya se ha dicho cómo Israel cuando fue liberado de Egipto, fue primero “la iglesia en el desierto” y después en la tierra de Canaán, y que Israel en los días de Cristo, aunque en espíritu y sustancia estaba lejos de tener el ideal de Dios, era todavía de hecho la iglesia por descendencia directa.
La organización oficial de esta iglesia fue también en efecto la misma por descendencia directa. El sacerdocio -los sacerdotes y el sumo sacerdote- en orden y sucesión, fueron la directa continuación en el orden establecido por el Señor por medio de Moisés en el desierto. El consejo oficial de la iglesia - el Sanedrín- era también en su concepto y forma descendiente de los setenta ancianos señalados por el Señor, por medio de Moisés en el desierto. Por consiguiente en los días de Cristo todo el orden de Is-rael, del sacerdocio y del Sanedrín era la descendencia directa del orden divino establecido por el Señor por medio de Moisés en el desierto, y fue ciertamente descendiente de la iglesia en el desierto.
Y los discípulos y los doce apóstoles de Jesús, fueron todos sin excepción, miembros de aquella iglesia. Tomaron parte igualmente con otros en los servicios y cultos de la misma. Iban al templo para adorar con todos los demás a horas regulares, enseñaron en el templo (Hechos 2:46; 3:1; 5:12). Y el pueblo estuvo complacido y la aprobación de Dios por medio del poder del Espíritu que estaba sobre ellos.

Pero aquellos apóstoles y discípulos habían aprendido algo, y conocían la DIVINA VERDAD que los líderes de la iglesia no conocían ni reconocerían; y conociendo esto la proclamarían. Por lo tanto, ellos predicaban sobre JESUS, la resurrección y la salvación por medio de El; y que no hay otro camino, QUE EL MISMO JESUS; de quien la organización y orden oficial de la iglesia habían llegado a ser “los traidores y asesinos”. Así que la organización y orden de la iglesia asumió la prerrogativa de decidir que aquellos miembros comunes de la iglesia no debían predicar, ni enseñar ESTA VERDAD.
De acuerdo con los sacerdotes y las autoridades del templo, Juan y Pedro fueron arrestados y puestos en prisión cuando ellos fueron al templo a orar, y el paralítico fue sanado a través de la fe en el nombre de Jesús, y Pedro predicó a toda la multitud convocada. A la mañana siguiente toda la organi-zación y orden oficial de la iglesia, los gobernadores, los setenta ancianos, los escribas, los sacerdotes y el sumo sacerdote se reunieron, Pedro y Juan fueron traídos y puestos en medio de todos y fueron in-terrogados acerca de la autoridad que tenían para predicar: “¿Con qué potestad, o en qué nombre, hab-éis hecho vosotros esto?”
Entonces Pedro “lleno del Espíritu Santo” dio respuesta. Todos los que estaban reunidos “se ma-ravillaban” ante la osadía de estos dos miembros de iglesia en la presencia de tan selecto grupo. “Y les reconocían que habían estado con Jesús”. Pedro y Juan fueron sacados afuera mientras el concilio “conferenciaba entre sí”.
La decisión tomada en la conferencia fue “amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a hombre alguno “EN ESTE NOMBRE.” Luego llamaron a Pedro y a Juan y “les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en EL NOMBRE DE JESUS.” Mas Pedro y Juan contestaron inmediatamente, “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído”. En aquella respuesta rápidamente dada, pareció al concilio que estos eran hombres simples y miembros comunes de la iglesia y que al mismo tiempo eran sin letras, que realmente daba la impresión que no es posible para ellos enseñar y conocer de Dios, cosas que los más entendidos del concilio desconocían; y que Pedro y Juan no prestarían atención a la orden del consejo, y continuarían adelante sin considerar lo que los miembros del Sanedrín pudieran decir o hacer. Suficientemente claro a la vista de todo el concilio tal curso de acción solamente lo interpretaban ellos, como una independencia individual que “conmovía todo el orden y autoridad. Semejante respuesta de tales personas a tan distinguido cuerpo oficial; tal respuesta de personas meramente comunes a tan augusta asamblea; simplemente de miembros comunes de la iglesia al concilio regular que había sido por siglos la más alta jerarquía y orden establecido en la iglesia, no podía ser considerada por aquellos oficiales menos que una astuta presunción, y la destrucción de todo orden y organización de la iglesia.
Sin embargo, el concilio los dejó salir con pesados cargos y bajo estrictas amenazas que no debían enseñar más.
Pedro y Juan estando ya libres, “vinieron a los suyos y contaron todo lo que los principales sacer-dotes y los ancianos les habían dicho “. Todos los demás en lugar de atemorizarse no sólo decidieron aprobar lo que Pedro y Juan habían hecho, sino que “unánimes” daban gracias al Señor y le rogaban: “Señor mira sus amenazas y concede a tus siervos que con todo denuedo HABLEN TU PALABRA”. Y Dios aprobó la fidelidad de sus siervos, “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congrega-dos tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo LA PALABRA.” y, “los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres.”
Esta abierta desobediencia a la “autoridad”de la iglesia, atentaba “contra el orden y organización establecido”y no podían permitir que prosperara. Luego los apóstoles fueron arrestados y puestos en prisión. “Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública”.
“Pero un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos dijo: Id y pues-tos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas LAS PALABRAS DE ESTA VIDA. Habiendo oído esto, entraron de mañana en el templo y enseñaban.”Hechos 5:19, 20
En esa misma mañana “entre tanto, vinieron el sumo sacerdote y los que estaban con él, y convo-caron al concilio y a todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel para que fuesen traídos “para que estuvieran delante del concilio y respondieran por su “insubordinación”, “apostasía”y “oposición al trabajo organizado”de la iglesia.
Llegaron los guardias e informaron que habían hallado la prisión bien cerrada y a los guardias vi-gilando, pero sin prisioneros. Y mientras los del Sanedrín asombrados se preguntaban qué significaba esto, vino uno diciendo, los hombres “enseñan al pueblo.”
Los guardias fueron enviados de nuevo para que los arrestaran y los pusieran delante del concilio. El sumo sacerdote les dijo, “No os mandamos estrictamente que no enseñasen en ESE NOMBRE? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina...”
“Los apóstoles contestaron como antes “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres levantó a JESUS a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. A ESTE, Dios ha exaltado con su diestra por PRINCIPE Y SALVADOR, para dar a Israel arrepentimien-to y perdón de pecados. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que obedecen.”
Ante esta denodada persistencia frente a esta prohibición, el concilio tomó decisiones “y querían matarlos”. De la decisión de asesinar a los apóstoles el concilio fue disuadido, por Gamaliel. No obs-tante el concilio llamó otra vez a los apóstoles “después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el NOMBRE DE JESUS, y los pusieron en libertad”.
Los apóstoles salieron luego y en vez de sentir temor por el concilio, se gozaban por lo que habían hecho porque habían sido hallados dignos de sufrir las afrentas y azotes de la organización oficial de la iglesia, por enseñar lo que sabían que era LA VERDAD. Y no debe ser olvidado que este concilio era “todo el consejo de los hijos de Israel”, es decir todos aquellos que integraban la organización oficial de la iglesia, que tan injustamente habían tratado a los apóstoles y les habían ordenado repetidas veces no predicar ni enseñar a nadie las cosas que ellos conocían, pero “todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a JESUCRISTO.”
De manera que por estos claros y notables hechos y experiencias bajo la dirección de Dios, se ha demostrado que por encima de toda oficialidad sacerdotal, concilio o junta ejecutiva de cualquier igle-sia, el derecho de individualidad en religión permanece supremo. Y por estos incuestionables registros de la Escritura es mostrado que ninguna junta de iglesia o concilio, tiene autoridad o derecho de dar or-den a alguien inclusive a un miembro de la misma iglesia, en asuntos de lo que se debe predicar o en-señar.
Por los registros inspirados en este caso, es demostrado que:
1-Justamente como en el caso de Nabucodonosor y los tres jóvenes hebreos, es divinamente de-mostrado que ningún monarca puede por derecho dar órdenes de ninguna forma tocante a religión.
2-Justamente como en el caso de la ley y gobierno de Media y de Persia, es divinamente demos-trado que ningún gobierno puede por derecho hacer una ley tocante a religión.

3-Justamente como en el caso de la iglesia judía contra Cristo, es divinamente demostrado que ninguna iglesia o junta ejecutiva puede por derecho usar el poder civil para hacer efectivo o promover sus deseos y propósitos.
4-Justamente tan cierto como en el caso de la iglesia judía contra los apóstoles y discípulos del Señor, es también divinamente demostrado que ninguna iglesia puede por derecho dar órdenes a un miembro aún de su propia comunidad, en nada de lo que debe creer o no creer, o lo que debe enseñar, o no enseñar.*
Los cuatro casos presentados en las Escrituras son paralelos: en cada caso el poder que atentó dominar en religión, fue directamente opuesto a Dios y expuesto por el Dios del cielo y fue de este mo-do demostrado ser absolutamente injusto; y en cada caso; el derecho de individualidad en religión fue divinamente demostrado ser eternamente justo.
En cada uno de los cuatro casos un distinto principio es involucrado e ilustrado: el cuarto no es menos que los tres anteriores. Tan ciertamente como Nabucodonosor se equivocó en la orden de ado-rar; tan ciertamente como la ley de Media y Persia se equivocó en prohibir el culto; tan ciertamente como la iglesia judía se equivocó al usar el poder civil para ejecutar su voluntad contra Jesús, por tanto ciertamente la misma iglesia se equivocó al prohibir a los miembros de la iglesia enseñar y predicar la verdad que ellos conocían DEL SEÑOR y por el Espíritu de Dios.
Y como en el caso de Nabucodonosor, el principio es que ningún monarca puede por derecho hacer como ese monarca hizo.
Como en el caso de la ley de Media y de Persia, el principio es que ninguna ley puede por derecho ser similar a esa ley; como en el caso de la iglesia judía usando el poder civil contra Cristo, el principio es que ningún orden de iglesia o junta ejecutiva puede por derecho usar el poder civil en nada; justamente como en el caso de la iglesia judía contra los apóstoles, el principio es que ninguna iglesia o concilio puede por derecho ser similar a lo que ese concilio hizo.
El consejo de Gamaliel para ese concilio de iglesia, en ese día fue recto entonces y fue justo para siempre, y es una divina demostración para toda iglesia, concilio o gobierno para siempre, “DEJAD-LOS”. Si la predicación o la obra es solamente de hombre o de origen humano, desaparecerá por sí misma. Pero si la obra es de Dios, no podéis destruirla no importa lo que se haga; y en ese caso en todo lo que hagáis para destruirla seréis hallados solamente luchando contra Dios. Este asunto es del reino de Dios. Es asunto de su sola jurisdicción. Dejadlo y confiad y servid a Dios y permitid a otros que por sí solos hagan lo mismo.
Esto es suficientemente claro en la verdad misma. Porque el Espíritu Santo es dado a cada indi-viduo para guiarlo a toda verdad. La verdad de Dios es infinita y eterna. Por tanto siempre será reali-dad que hay todavía una infinita y eterna verdad en la cual el cristiano ha de ser guiado. En la naturale-za de las cosas es imposible para otro fuera del INFINITO Y ETERNO ESPIRITU, guiar a alguien a la verdad de Dios. Por lo tanto cada alma debe ser eterna e infinitamente libre para ser guiada por el ES-PIRITU ETERNO a esta verdad infinita y eterna.
Decir otra cosa además de esto, es solamente limitar la verdad de Dios y limitar el progreso y el conocimiento de la mente, de la verdad y de Dios; es poner un eficaz obstáculo sobre toda posibilidad del progreso.
*En relación a conducta, en asuntos de Infracción o falta de cualquier miembro, instrucciones divinas han sido dadas a la iglesia precisamente cómo se debe proceder: y estas palabras han de ser seguidas en letra y con espíritu de humildad para ganar y restaurar a tal persona, nunca juzgar, condenar, ni des-tituir. Pero con relación a la fe, la iglesia no tiene ninguna instrucción divina ni derecho de proceder -no que nos enseñoreemos de vuestra fe. ¿Tienes tu fe? Tenla para contigo delante de Dios. “Puestos los ojos en el Autor y Consumador de la fe”.
Imagine la condición de la humanidad y del mundo hoy, si los principios defendidos por la iglesia judía hubieran sido reconocidos y obedecidas sus órdenes por los apóstoles y discípulos del Señor!. Pero el máximo pecado de decir otra cosa más que esto, es reconocer, sancionar y establecer solamente un tri-bunal humano en lugar del ESPIRITU ETERNO, y vestir a un grupo de hombres pecadores con la pre-rrogativa de ese INFINITO Y ETERNO ESPIRITU, como la guía a toda la verdad.
Sin embargo, tan claro como todo esto, es la manifestación de la verdad en sí, y deplorablemente cierto que desde el período final de los apóstoles hasta ahora, no ha habido y no hay ahora, una sola “organización”de iglesia o denominación en el mundo que no haya expuesto idénticos principios, to-mando la misma posición y haciendo las mismas cosas como lo hizo la iglesia judía en el caso de los apóstoles. Y hoy no hay una denominación en el mundo, ni aún en las más recientes, en la cual sea re-conocido el derecho y la libertad de todo miembro individual de tal denominación, de ser guiado por el ESPIRITU DE DIOS a la verdad y a la enseñanza y predicación de la verdad que la junta denomina-cional no conoce ni decide sostener. Y cuando cualquier miembro es de este modo guiado; y enseña y predica la verdad que él conoce por el ESPIRITU Y LA PALABRA DE DIOS, inmediatamente la jun-ta ejecutiva de la iglesia despierta, y su maquinaria en acción y en el mismo espíritu, y de la misma manera, del concilio y la maquinaria de la iglesia judía, se levanta y le prohíbe enseñar o predicar en ESE NOMBRE. Y si él, como los apóstoles hicieron, no presta atención a tales mandatos. y no cesa de PREDICAR Y ENSEÑAR A CRISTO en la verdad, y de la manera que lo conoce, entonces, como fueron los apóstoles, él es perseguido y destituido.
Y esto es precisamente el caso de la existencia de centenares de denominaciones en el mundo.
¿Pero nunca habrá un fin para esta tendencia perversa? ¿Vendrá el tiempo, o nunca vendrá, cuando habrá entre los cristianos el reconocimiento del principio fundamental cristiano del derecho de individualidad y libertad en fe y en la conducción de la verdad divina? ¿Vendrá el tiempo o nunca vendrá, cuando habrá una compañía de cristianos en el mundo que reconocerá que el ESPIRITU es el Guía a toda verdad, que reconocerá el derecho y la libertad de ese ESPIRITU para guiar, que recono-cerá el derecho y la libertad de cada cristiano de ser guiado a toda verdad por ese ESPIRITU DE VERDAD, y que reconocerá la LIBERTAD de cada cristiano para sostener, enseñar, y predicar toda la verdad en la cual el ESPIRITU DE VERDAD lo puede guiar?
¿No es tiempo que tal cosa deba ser? ¿No es tiempo cuando el principio cristiano debe ser reco-nocido y que tal condición prevalezca entre los cristianos? Aún el mundo ha aprendido el principio, que el monarca y el autócrata debe reconocer el completo y perfecto derecho de individualidad y libertad en religión.
Aún el mundo ha aprendido, que la ley debe reconocer el principio pleno y perfecto de INDIVI-DUALIDAD Y LIBERTAD EN RELIGION.
Aún el mundo ha aprendido, que la iglesia no debe controlar el poder civil para ejercer su volun-tad de dominar, sino que debe reconocer el derecho pleno y perfecto en el campo de la persuasión, y por tanto, debe reconocer el derecho libre y perfecto de INDIVIDUALIDAD Y LIBERTAD. ¿Y será que ahora la iglesia nunca aprenderá que debe reconocer el principio libre y perfecto de individualidad y libertad, libertad en fe, en el Espíritu y en la verdad? ¿No es un preciosísimo tiempo, que la iglesia cristiana deba aprender en su perfecta realidad el principio fundamental de su mismo ORIGEN, y su misma EXISTENCIA? ¿Y deberá ser así que ninguna denominación aprenderá o reconocerá este principio fundamental de su propio ORIGEN Y EXISTENCIA, entonces no es doblemente importante el tiempo para que los cristianos por todas partes reconozcan y practiquen constantemente el principio fundamental del ORIGEN Y LA EXISTENCIA de la iglesia cristiana?
Y así ha sido y será. El Dios de la individualidad y de la libertad no permitirá que el principio divino de individualidad y libertad en fe y en verdad, en el que El ha obrado tan maravillosa y constan-temente a través de las edades para hacerlo claro y mantenerlo, sea para siempre pisoteado, no recono-cido y falsamente presentado por la iglesia cristiana y por el pueblo cristiano. No; esta verdad, esta espléndida verdad, que es la FUNDAMENTAL y última verdad en toda la existencia de la iglesia cris-tiana y cristianismo en sí - esta verdad divina con todo ganará y sostendrá para siempre su posición di-vina delante del mundo y de la iglesia. Para aquellos que defienden esta verdad divina y fundamental de la religión cristiana y la iglesia que ellos mismos son ahora y para siempre, como eran en el principio, la verdadera iglesia cristiana en el mundo, integrarán aquella “GLORIOSA IGLESIA”por la cual Cristo se dio a sí mismo por ella “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la pa-labra” a fin de que en su aparición pueda “presentarla a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha, ni arruga, ni cosa semejante sino que fuese santa y sin mancha.”
Pero en esta historia completa de la iglesia judía contra los apóstoles, surge con trascendental significado una valiosa verdad de la más solemne consideración para todo cristiano. Esta verdad es:
Que mientras en ese tiempo había sido la iglesia verdadera, llamada y preservada por el Señor, entonces dejó de ser la VERDADERA iglesia, y lo que aquella iglesia despreció, y prohibió, y persi-guió, y destituyó, vino a ser la “VERDADERA IGLESIA”. Y así será siempre. Juan 9:34-38

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