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Stephen Haskell -Luz en las Tinieblas

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Stephen Haskell -Luz en las Tinieblas

Mensaje por Admin el Mar Mayo 18, 2010 6:31 am

Luz en las Tinieblas






Para cualquier viajante en el lago tormentoso de la vida, el Señor le ha dado un compás, el cual, si es correctamente usado, lo llevará con seguridad al eterno reino de descanso. Les fue dado a nuestros primeros padres en la puerta del Edén, después de haber admitido la entrada del pecado en esta linda tierra y en ellos mismos también. El compás consiste en las siguientes palabras, que le fueron dichas por el Señor a Satanás: "Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre su semilla y tu semilla" [1]. En cada corazón Dios ha puesto una enemistad contra el pecado, la cual, si es apreciada, lo conducirá a la justificación y a la vida eterna. Cada hombre, sea cual fuere su rango o situación en la vida, que siga absolutamente el divino compás implantado en su corazón, aceptará a Cristo como su Salvador y le será comunicada la luz del amor y de la aprobación de Dios [2].

Como resultado de que nuestros primeros padres hayan comido de la fruta prohibida, pesa sobre toda la tierra el decreto, "porque en el Día que de ella comieres, ciertamente morirás" [3]. Las marcas de la muerte y la decadencia se vieron muy luego en el caer de las hojas y en las flores marchitas. No había cómo escapar del decreto "el salario del pecado es la muerte" [4]. Pero un rayo de luz atravesó las tinieblas cuando Dios le dijo las siguientes palabras a Satanás: "Esta (la semilla de la mujer) te herirá la cabeza, y tu le herirás el calcañar" [5]. Estas palabras revelaban el hecho de que, para todos aquellos que mantuviesen la enemistad contra el pecado, que Dios había colocado en sus corazones, existía un camino de escape para la muerte. Ellos vivirían y Satanás moriría; pero antes que él muriese, heriría la cabeza de la semilla de la mujer. Esto era necesario para que la muerte de Satanás estuviese efectivamente asegurada, y para que la humanidad escapase de la muerte eterna [6].

Antes que el ser humano fuese colocado en juicio, el amor del Padre y del Hijo por él era tan grande, que Cristo empeñó Su propia vida como un rescate si el hombre saliese vencedor de las tentaciones de Satanás. Cristo era "el Cordero que fue muerto desde la fundación del mundo" [7]. Esta maravillosa verdad les fue comunicada a nuestros primeros padres en las palabras pronunciadas por el Señor a Satanás "Esta (la semilla de la mujer) te herirá la cabeza, y tu le herirás el calcañar".

Para que el hombre pudiese entender la enormidad del pecado, el cual tomaría la vida del Hijo de Dios sin pecado, fue solicitado que se trajese un cordero inocente, se confesasen los pecados sobre su cabeza, y entonces, con sus propias manos, se lo matase, siendo esto un tipo de la vida de Cristo. Esta oferta por el pecado era quemada, tipificando que a través de la muerte de Cristo, todos los pecados serían finalmente destruidos en los fuegos del último día [8].

Era difícil para el hombre, rodeado de las tinieblas del pecado, comprender estas maravillosas promesas celestiales. Los rayos de luz que irradiaban del santuario celestial sobre los simples sacrificios, estaban tan obscurecidos por la duda y el pecado, que Dios, en Su gran amor y misericordia, hizo construir un santuario terrestre de acuerdo con los padrones divinos, y fueron escogidos sacerdotes, los cuales "servían como ejemplo y sombra de las cosas celestiales" [9]. Esto fue hecho para que la fe del hombre pudiese descansar en el hecho de que existe un santuario celestial, cuyos servicios existen para la redención de la humanidad.

El profeta Jeremías se apoderó de esta verdad, y exclamó, "Trono de gloria enaltecido desde el principio, es el lugar de nuestro santuario" [10]. David conocía el lugar donde Dios habitaba en el cielo, y cuando escribía a las generaciones venideras, dijo, "que el Señor desde lo alto de Su Santuario, desde los cielos, miró hacia la tierra" [11]. Los creyentes siempre han creído que cuando busquen a Dios con todo su corazón, "y su oración llegó hasta la santa habitación de Dios, hasta los cielos" [12].

Toda la adoración en el santuario terrestre era para enseñar la verdad en relación con el santuario celeste. Mientras el tabernáculo terrestre estaba en pie, el camino hacia el Tabernáculo celeste no fue manifestado [13]; pero cuando Cristo entró en el cielo para presentar Su propio sangre en beneficio del hombre, Dios reveló a través de Sus profetas mucha luz en relación con el Santuario celeste.

Para Juan, el discípulo amado, le fueron dadas muchas informaciones a respecto de ese glorioso templo. El contempló el altar de oro, en el cual, mezclado con fragante incienso, las oraciones de los santos Aquí en la tierra, son ofrecidas delante de Dios. El vio en visión el candelabro con sus siete lámparas ardiendo delante del trono de Dios. El velo del Santísimo fue levantado, y él escribió, "se abrió entonces el Santuario de Dios, que se encuentra en el cielo, y fue vista el arca de la alianza en Su Santuario" [14].

Es en este "verdadero Tabernáculo, que el Señor erigió y no el hombre", que Cristo ofreció Su sangre delante del Padre a favor del hombre pecador [15]. Allá está el trono de Dios, rodeado por millares de huestes angélicas, todos esperando para obedecer Sus mandamientos [16]; y desde allí son enviados para responder las oraciones de los hijos de Dios Aquí en la tierra[17].

El Santuario celeste es la gran casa poderosa de Jehová, desde donde fluye toda la ayuda necesaria para vencer toda tentación de Satanás hacia todos aquellos que están ligados a El por la fe.

El pesado tranvía eléctrico, con sus delgados brazos que se alzan hasta tocar los conductores que están arriba, desde los cuales recibe la energía eléctrica de la central que está a varios kilómetros de distancia, es una vívida ilustración del cristiano. Mientras la conexión no sea interrumpida, a través de la noche más oscura, el tranvía recorrerá suavemente toda la ciudad, subiendo y bajando colinas, no solamente arrojando luz a su alrededor, sino que también iluminando la obscuridad lejana con sus potentes focos. Pero en el mismo instante en que la conexión sea deshecha, cuán grande será el cambio! El tranvía permanece inmóvil en la obscuridad, imposibilitado de continuar su camino.

Así es que Cristo, nuestro Sumo Sacerdote en el Santuario celeste, extiende Su mano desde el cielo, para asir la mano de todo aquel que la levante por la fe y se apoderen de la ayuda ofrecida. La fe de aquel que se apodere de esa ayuda, podrá pasar tranquilamente por las más profundas dificultades, su propia alma estará iluminada e iluminará y bendecirá a otros. Mientras él se mantenga firmemente asido a Dios, el tendrá luz y poder del Santuario celeste; pero si él permite la entrada de dudas e incredulidades que hagan con que la conexión se rompa, él estará en la oscuridad, no solamente imposibilitado de continuar hacia adelante, sino que será una piedra de tropiezo en el camino de los otros.

Aquel que no permite que nada interrumpa la conexión con el cielo se transforma en un lugar de habitación para el Altísimo; "porque Así dice el Alto, el Sublime, que habita la eternidad, el cual tiene el nombre de Santo: habito en el alto y santo lugar, pero habito también con el contrito y abatido de espíritu" [18]. Aquel que se aleja del pecado y lo abandona, se transforma en un templo del Espíritu Santo [19]. A Dios le gusta habitar en los corazones de Su pueblo [20], pero el pecado acariciado en el corazón hace con que Su Espíritu no habite en ellos [21]. Cristo toca a la puerta de todo corazón, convidándolos a todos para cambiar el pecado por la justificación, de manera que El pueda entrar y habitar con ellos [22].

Existen tres templos traídos a nuestro conocimiento en la Biblia: el Templo celeste, el lugar donde habita el Altísimo, donde Cristo intercede a nuestro favor; el templo del cuerpo humano, donde el Espíritu de Dios gobierna y reina; y el templo terrestre, con sus servicios típicos, diseñados para enseñar a la humanidad cómo recibir ayuda divina del gran almacén celestial, de manera que Dios pueda honrarlos habitando continuamente en ellos. El Santuario terrestre con sus tipos y símbolos es como los poderosos lentes de un telescopio, que hacen posible ver cuerpos celestes, los cuales de otra manera son invisibles. Para el ojo del ignorante, esos maravillosos lentes, parecen vidrios comunes; pero el astrónomo, que ansía conocer las maravillas del cielo, se llena de éxtasis mientras mira a través de ellos.

De la misma manera el cristiano que estudie el servicio típico del santuario terrestre, no como una colección de hábitos áridos y reliquias sin vida de los adoradores antiguos, sino que como una colección de una galería de arte, donde, a través de la mano de un artista maestro, las diferentes partes del maravilloso plano de la redención son retratadas, se quedará asombrado de la belleza revelada. Las figuras le hablan con primor, Así como lo hace el lienzo. Ellas le cuentan la bella historia del amor del Salvador hasta que su propia alma se llene de emoción al mirar a través de ellas. El ve el vívido cuadro del sacerdote con vestiduras blancas como la nieve, llevando el rojo novillo hacia el rudo valle no cultivado, ofreciéndolo ahí como sacrificio por el pecado. El ve como salta la sangre en las brutas rocas del valle, para enseñar que Cristo murió por el más desamparado, por el perdido. ¿Quién puede mirar ese cuadro sin sentir su corazón llenarse de amor por un Redentor tan compasivo?

Nuevamente él ve un cuadro del destituido pecador, deseando ser liberado del pecado, obligando a sus ricos hermanos a pasar con sus corderos como ofertas por los pecados, los mas pobres con sus palomas, hundiéndose en el desaliento, ya que él no tenía ningún ser viviente para ofrecer. Entonces se le encendía la esperanza nuevamente cuando alguien le decía, "tengo solamente un puñado de harina". Y mientras el pecador esperaba que el sacerdote ofreciera el trigo molido como un emblema del cuerpo bendecido que sería quebrado en su beneficio, y escuchaba que se le decía, "tus pecados están perdonados", su corazón saltaba de alegría, de la misma manera que saltó el corazón del pobre hombre que estaba en el tanque de Betesda, que no tenía a nadie que lo ayudara, cuando el bendito Maestro le dijo que tomara su cama y anduviese [23].

Si aquel que quiere saber más de Cristo y de Su infinito amor, estudia los tipos y símbolos del santuario terrestre, conectándolos con sus antitipos, su alma se llenará de éxtasis. Al igual que los lentes del telescopio, ellos revelan maravillosas bellezas del carácter de nuestro bendito Redentor, bellezas que no son reveladas de ninguna otra manera.

Cada tipo y símbolo encierra una lección celestial separada y distinta de los servicios del santuario terrestre; y cuando todas son analizadas en conjunto, ellos forman un maravilloso Mosaico del divino carácter de Cristo como solamente un pintor celestial podría pintar.



Nombres dados al Santuario Celeste por diferentes escritores bíblicos.-



"Tu lugar de habitación" Salomón 2 Cron. 6:39

"Palacio" David Salmo 48:3

"Su Santo Templo" David Salmo 11:4

"Templo de Dios" Juan Apoc. 11:19

"Habitación de Tu Santidad" Isaías Isa. 63:15

"Verdadero Tabernáculo que el Señor erigió" Pablo Heb. 8:2

"Casa de Mi Padre" Jesús Juan 14.2

"Lugar de Su habitación" David Salmo 33:14

"Su Santa Habitación" Jeremías Jer. 25:30

"Santuario" Pablo Heb. 8:2

"Santo lugar" Pablo Heb. 9:8



Nombres dados al santuario terrestre.-



"Santuario terrestre" Heb. 9:1

"Primer Tabernáculo" Heb. 9:8

"Figura para el tiempo presente" Heb. 9:9

"Figura de las cosas celestiales" Heb. 9:23

"No la imagen real de las cosas" Heb. 10:1

"Santuario hecho por manos" Heb. 9:24

"Figura del verdadero" Heb. 9:24

"Templo" 1 Cor. 9.13

El cuerpo de los cristianos es llamado de templo.-



"Jesús les respondió: Destruid este santuario, y en tres días lo reconstruiré; El, sin embargo, se refería al santuario de su cuerpo". Juan 2:19,21.



"¿Acaso no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo que está en vosotros, el cual tenéis de la parte de Dios, y que no sois de vosotros mismos?". 1 Cor. 6:19.



"Si alguien destruye el santuario de Dios, Dios lo destruirá; porque el santuario de Dios, que sois vosotros, es sagrado". 1 Cor. 3:17

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