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Elena G de White-artículos de E. White relacionados con 1888-8

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Elena G de White-artículos de E. White relacionados con 1888-8

Mensaje por Admin el Lun Mayo 17, 2010 2:56 am

Carta al pastor O.A. Olsen, 22 mayo 1896


Battle Creek. Michigan
The EGW 1888 Materials, p. 1520-1535
Querido hermano:
Sentimos honda preocupación por su situación. Sabemos que se ha visto en una posición verdaderamente difícil; pero sabemos también que ha fracasado de forma manifiesta en algunas cosas. Hermano, usted ha insistido mucho en la importancia de la oración, y se ha sentido deseoso de que nuestro pueblo observe la acostumbrada semana de oración. Eso está bien; debemos tener sesiones de oración ferviente y perseverante, ya que Dios es la fortaleza de su pueblo, su línea de avanzada y su retaguardia. Pero es posible convertir esas sesiones de oración en sustitutos de la acción decidida que es necesaria para poner las cosas en orden. Hay un tipo de obra que el agente humano debe cumplir en el nombre del Señor Dios de Israel.
Tras la derrota de los israelitas en Hai, Josué se hallaba postrado sobre su rostro ante el arca, en oración, cuando el Señor le dijo, "Levántate; ¿por qué te postras así sobre tu rostro? Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les había mandado; pues aun han tomado del anatema, y hasta han hurtado, y también han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres… ni seré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros. Levántate, santifica al pueblo, y di: Santificaos para mañana; porque Jehová el Dios de Israel dice así: Anatema hay en medio de ti, Israel; no podrás estar delante de tus enemigos, hasta tanto que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros".
Ni siquiera la oración ha de ser puesta donde tiene que estar el deber. Dios no será deshonrado por el pueblo, y quedará en silencio. Sus centinelas deben estar bien despiertos.
La primera negligencia suya, en cuanto a ponerse de parte de los principios rectos, cuando los asuntos fueron considerados en las juntas y consejos, anubló su vista. Su fracaso en andar en la luz produjo una merma en su discernimiento. Y con seguridad sus ojos tienen que haber sido cegados, de otra forma no habría podido actuar como lo ha hecho. Sus palabras y acciones han alentado a hombres de propósito fuerte y determinado a emprender cosas; usted les permite planificar, y se llevaron a cabo designios, lo mismo que hizo Aarón con los dirigentes de Israel. Ha intentado convencerse de que esa era la única forma en la que podía actuar. Pero no en todas las situaciones ha sido fiel a la obra que Dios le ha encomendado, para mantenerse firme y decididamente por lo recto. Aarón, sometiéndose a la dirección del pueblo que él sabía en el error, deshonró grandemente a Dios. Debió haber permanecido firme como una roca, con integridad inquebrantable, ante los grandes hombres de la vasta e indisciplinada hueste de Israel. Usted debería haber sabido qué requería la sabiduría divina de su pueblo; pero fue inducido a ver las cosas de la forma en que las han visto aquellos que han resistido al Espíritu Santo, y que no han sido guiados ni enseñados por Dios. Las almas de esos hombres están manchadas por la maldad. Han cegado sus ojos, de forma que no pueden distinguir la justicia de la injusticia. Llaman malo a lo bueno, y bueno a lo malo. Sin embargo, esos son los hombres que usted ha elegido para que lo acompañen de lugar en lugar. Esa es la atmósfera de la que ha rodeado su alma.
Esos hombres a quienes usted ha hecho compañeros suyos en sus visitas a diferentes lugares, han tenido la ocasión de instilar sus propios sentimientos en las mentes de la gente. Puesto que están en conexión con la obra del Señor y ocupan puestos de responsabilidad, se los ha creído rápidamente, habiendo podido ejercer de ese modo una gran influencia. Tras haber dejado caer una sugerencia, y comprobado que ésta se arraiga en la mente, hábilmente la retoman del individuo como si fuese la expresión del propio pensamiento de éste. La próxima vez que hacen una incursión en el terreno, llevan la obra un poco más lejos; y así, en secreto, se han ido sembrando las semillas de la incredulidad, que en algunos casos han requerido años para ser desarraigadas; en otros casos han llegado a florecer y a producir su malvado fruto. Los que han cometido esa maldad –hombres que no están conectados con Dios– son vistos por el pueblo como su mano derecha, su equipo. ¿No es capaz de discernir su carácter y la obra que han hecho?
Su viaje en compañía de esos hombres, a quienes no acompañan los ángeles de Dios, no puede significar ninguna ayuda a una obra que está bajo la supervisión del Espíritu Santo. Habría sido mejor, muchísimo mejor, si muchos de esos largos viajes nunca hubiesen tenido lugar, mejor que los obreros en los diferentes lugares se hubiesen privado de su presencia personal, antes que ir con esos acompañantes, y difundir tan ampliamente su maléfica influencia.
El Señor me ha mostrado que ha habido una manifiesta desconfianza en Dios. ¿Es que Dios no tendrá poder moral o mental entre los hombres que están allí donde han sido establecidos grandes intereses? ¿Acaso deberá emplearse el dinero de Dios en desplazar de aquí para allá aquellos que han demostrado no tener conexión con él? El Señor dice: "Yo honraré a los que me honran". Pero al complacer y glorificar a los hombres a quienes Dios no honra, usted ha deshonrado a Dios. Es mucho mejor estar limitado, pero confiando en el brazo de Jehová y en los ángeles ministradores que él envía, que tener con usted a aquellos que han cerrado sus corazones a las admoniciones y advertencias del espíritu de Dios, y por lo tanto, al Espíritu mismo. En todo lugar en donde se hayan establecido importantes intereses, hay hombres que aman a Dios, y que tienen una medida de habilidad. Esos hombres tienen necesidad de que se los instruya en cuanto a cómo utilizar sus talentos. Permítaseles llevar las responsabilidades de las que sean capaces. Enséñeseles a poner su confianza en Dios, y a ser obreros de quien se pueda depender. No se les induzca a pensar que en toda emergencia deben depender de hombres que se encuentran a gran distancia. Permítaseles buscar al Señor por ellos mismos.
Hay gran necesidad de hombres con sabiduría en todo lugar; pero es un error depender de quienes no aman al Señor, ni lo buscan para obtener sabiduría, santificación y justicia. Dios no ha dispuesto que su obra sea moldeada por aquellos sobre quienes no ha sido puesto su molde, porque no han querido las credenciales divinas. Mediante su conexión con ellos, sus propias ideas se han pervertido, y necesitan una purificación. Usted ve en gran medida las cosas de la misma forma en que las ven esos hombres. No ve gran necesidad del cambio al que el Señor llama. Usted ha fortalecido a esos hombres en su creencia de que están en lo correcto, y su engaño se ha agravado. El Señor no tolerará más esas cosas, dado que usted ha tenido luz; no ha sido dejado en la ignorancia o las tinieblas.
Algunos han tratado como un intruso al Espíritu Santo de Dios manifestado en su pueblo. Usted mismo no ha puesto su dependencia en el Espíritu Santo, tal como hizo en su temprana experiencia. Si hubiese seguido la conducción del Espíritu, habría comprendido que no podía unirse con esos hombres, dar oído a sus sugerencias, ni concederles influencia. No es esa la obra que Dios le encomendó. Él le prometió eficiencia mediante el poder del Espíritu Santo, quien le asistirá en cada acción, si hasta el cabo retuviere firme la confianza. Si hubiese dependido menos de los hombres que, según todas las evidencias que usted pudo conocer, no tenían una conexión vital con Dios, y hubiese dependido más de la presencia y ayuda del Espíritu Santo en respuesta a la oración, la causa se encontraría hoy en una condición mucho más saludable.
No ha sido sabio tomar tantas responsabilidades en relación con la obra a distancia, cuando había tan importantes intereses demandando atención en Battle Creek. Se debiera haber hecho mucho a fin de mantener puro el corazón de la obra. Se requerían muchas atenciones a fin de mantener lubrificada la maquinaria, mediante la gracia de Dios, de manera que pudiese rodar sin fricción. Dios es ofendido por algunos de sus movimientos en materias relativas a principios que él mismo estableció en nuestra obra de publicaciones.
Mucho me ha sido revelado, que se acumula en mi mente y que a duras penas sé cómo expresar. Sin embargo, no puedo guardar silencio. El Señor está indignado con los hombres que se erigen a sí mismos para gobernar a sus semejantes, y para hacer planes que el Espíritu Santo condena. Estoy más estupefacta de lo que las palabras pueden expresar por su fallo en discernir que Dios no ha establecido a esos hombres. El nuevo orden de cosas debería alarmarle, pues no cuenta con la aprobación del cielo.
El corazón natural no debe introducir sus principios corruptos y manchados en la obra de Dios. No se deben ocultar los principios de nuestra fe. Nuestro pueblo debe proclamar el mensaje del tercer ángel. Debe ir en aumento hasta el fuerte clamor. El Señor tiene un tiempo señalado para apresurar su obra, pero ¿cuándo será ese tiempo? Cuando la verdad que debe ser proclamada en estos últimos días sea predicada por testimonio a todas las naciones, entonces vendrá el fin. Si el poder de Satanás puede llegar hasta el mismo templo de Dios, y manipular las cosas a su antojo, el tiempo de preparación se prolongará.
Aquí radica el secreto de los movimientos realizados para oponerse a los hombres que el Señor envió con un mensaje de bendición para su pueblo. Esos hombres fueron odiados, su mensaje despreciado, tan ciertamente como Cristo mismo fue despreciado en su primera venida. Hombres en posiciones de responsabilidad han manifestado los mismos atributos revelados por Satanás. Éste ha procurado dirigir las mentes, someter su razonamiento y talentos a la jurisdicción humana. Se ha hecho un esfuerzo por poner a los siervos de Dios bajo el control de hombres que no tienen el conocimiento y sabiduría de Dios, ni una experiencia bajo la conducción del Espíritu Santo. Se han traído principios que no debieran jamás haber visto la luz del día. El hijo ilegítimo se debió asfixiar tan pronto como inspiró a la vida por primera vez. Hombres finitos han estado luchando contra Dios, la verdad, y sus mensajeros escogidos, contrarrestando su obra de toda forma posible. Considere, por favor, qué virtud hubo en la sabiduría y planes de los que han menospreciado a los mensajeros de Dios, y que, como los escribas y fariseos, han despreciado a los mismos hombres que Dios ha empleado para presentar la luz y la verdad que su pueblo necesitaba.
Es una ofensa para Dios que esa obra sea sofocada por seres humanos. La palabra del Dios viviente, apelando a la razón santificada, no dará jamás a la obra una impronta como la que existe actualmente. Ha habido engaño, falsedad, artificio, egoísmo. Se han diseñado planes para robar a Dios y para robar al hombre, a fin de conducir la obra hacia donde han determinado los ardides egoístas. La misma posición que usted ha adoptado con esos hombres, urdiendo planes para aliviar los apuros financieros, ha hecho de usted un hombre débil en ciertos aspectos. Le ha trastornado el juicio. Ha sido inducido a pervertir la justicia, a apartarse de la honestidad en su trato hacia los hermanos. Un mal trato hacia el más débil o el más errado del rebaño, es incluso más ofensivo a Dios que si se hubiese hecho contra el más fuerte de ustedes. Las almas son la posesión comprada del Señor, y cada injusticia hecha contra "uno de éstos, mis hermanos pequeñitos", dice Jesús, me es "hecha a mí". El Señor no permitirá que la injusticia y la opresión queden impunes.
Todo sistema controlado por los principios del evangelio de Cristo es puro, abierto, transparente como el día, y es sano y saludable en todas sus operaciones. Todo aquello que tenga por fin introducir en el ministerio el orgullo o la ambición no santificada, debe ser expulsado, a fin de que las instituciones del Señor se tengan firmemente sobre la roca eterna. No necesitamos invenciones habilidosas para sostener la causa de Dios. No necesitamos el trato injusto. Permítase que el Señor insufle en su obra el espíritu de los principios celestiales, y ésta vivirá. ¡Nada que el hombre pueda elaborar puede tomar el lugar del Espíritu Santo de Dios! Nada que la sabiduría humana pueda inventar justificará la violación de la verdad, o un menosprecio de los derechos de la humanidad. La verdad es demasiado pura como para poner sus delicados pies fuera de la elevada plataforma del amor a Dios y el amor a nuestros semejantes.
Si le fuese posible, el enemigo trabaría las ruedas del progreso, para evitar que las verdades del evangelio circulasen por doquier. Con ese objeto, conduce a hombres a sentir que es su privilegio el controlar las conciencias de sus semejantes, de acuerdo con sus propias pervertidas ideas. Expulsan al Espíritu Santo de sus juntas y entonces, bajo el nombre y el poder de la Asociación General, inventan reglamentos mediante los cuales compelen a los hombres a que sean regidos por sus propias ideas y no por el Espíritu Santo.
Los planes para ganar control de las mentes y capacidades humanas son como el fuego extraño, que es una ofensa a Dios. ¿Y quiénes son los que se atreven a implicarse en una obra tal? Hombres que han demostrado carecer de dominio propio, que no están libres de egoísmo. A menos que tales hombres se conviertan al Señor, morirán en sus pecados. A duras penas es posible encontrar en ellos un vestigio de genuina verdad. El esfuerzo por controlar a otros, hecho por aquellos que no pueden controlarse a sí mismos, es una de las mayores falacias que puedan existir. Que quienes pretenden controlar, comiencen la obra allí donde debió iniciarse hace años; que se controlen a sí mismos, y muestren que están sometidos al control de Dios, que se han convertido de corazón. Entonces dejarán por fin de hacer gemir a sus semejantes, bajo el amargo yugo de su política restrictiva. Entonces ascenderán al cielo menos oraciones procedentes de corazones angustiados, a causa de la opresión egoísta.
Es necesaria la educación en cuanto a los derechos y deberes de los hombres en puestos de autoridad, que han señoreado sobre la heredad de Dios. Cuando se coloca en una posición de confianza a un hombre que no sabe el tipo de espíritu que debe manifestar en su trato con las mentes humanas, está en necesidad de aprender los mismísimos primeros principios en lo referente a su autoridad sobre sus semejantes. Los principios rectos deben introducirse en el corazón, y se los debe llevar a la trama y urdimbre del carácter.
Hacen falta hombres que sientan su necesidad de la sabiduría de lo alto, hombres de corazón convertido, que comprendan que no son sino pecadores mortales, y que deben aprender las lecciones en la escuela de Cristo, antes de disponerse a moldear otras mentes. Cuando los hombres han aprendido a depender de Dios, cuando tienen la fe que obra por el amor, y purifica sus propias almas, entonces no echarán sobre los hombros de otros las cargas que son gravosas de llevar. El Señor ha sido grandemente deshonrado por aquellos que se han exaltado a sí mismos y han favorecido a hombres que no eran dignos, no teniendo cuidado de tratar a todos de forma justa, sin parcialidad y sin hipocresía.
Hasta que no llega el día de la prueba, cuán pocos son conscientes de sus debilidades. Creyéndose sabios, se hacen necios. No hay nada de lo que los hombres puedan enorgullecerse. Incluso aquellos en la posición de mayor responsabilidad caen en el pecado, aunque aparentemente rodeados de los mejores privilegios religiosos. El caso de Giezi es uno de los que podemos considerar con provecho. Este varón moraba en la casa del santo profeta Eliseo, vio su vida piadosa, oyó sus oraciones fervientes, y cómo inculcaba los principios correctos. Sin embargo, eso no lo hizo mejor. Engañó a Naamán con el fin de recibir una recompensa. Su castigo vino del Señor. Le vino la lepra de Naamán.
Judas fue nombrado entre los doce apóstoles. Oyó las preciosas lecciones procedentes de los labios de Cristo. Tenía siempre ante sí un ejemplo perfecto, sin embargo su corazón no era recto. El pecado de la codicia lo arruinó. "Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias locas y dañosas, que hunden a los hombres en perdición y muerte". Eliseo era fiel a los principios, fiel a su Dios. Su obra llevaba las credenciales divinas. Y en la dificultad y la prueba, Dios se le reveló como su auxiliador siempre presente. Cuando los hijos del profeta estaban ampliando su morada, se obró un milagro para librar a uno de ellos de la desgracia. Cuando el rey de Siria estaba preparando una emboscada contra Israel, su designio fue revelado por el profeta. El rey, tras saber que era Eliseo quien había derrotado a sus ejércitos, envió un comando armado para aprehenderle, pero Dios libró a su siervo. Todas esas lecciones son escritas para nuestra admonición, en quienes los fines de los siglos han parado.
Hermano Olsen, tengo hacia usted los más tiernos sentimientos; pero debo exponer claramente ante usted el peligro de perder el colirio espiritual. Hablo resueltamente porque debo decirle la verdad. No me atreveré a contemporizar, porque no hay seguridad en la demora. No tengo confianza en su comité. Le he escrito en anteriores ocasiones a propósito del trato dado a los autores de los libros. Los deberían haber tratado de forma honesta, imparcial, como un hermano debe tratar a otro hermano; pero no han obrado así. Los principios y motivos del trato dado en ese departamento, no son tales que Dios los pueda aprobar. No están de acuerdo con la estricta integridad. Su ejemplo ha influenciado al hermano C.H. Jones en su trato con los autores. En ambas casas se ha seguido un curso de acción que no es justo ni noble. Una obra tal debe corregirse tan pronto como sea posible, si usted y él desean que el Señor escriba, en relación con sus transacciones, "Bien, buen siervo y fiel". Se avergonzará cuando sea enfrentado a lo que registran los libros que se abrirán con ocasión del juicio, cuando cada uno sea juzgado de acuerdo con sus obras, sean buenas o malas. Mejor, mucho mejor que la obra sea llevada a cabo con amor y justicia combinadas.
Dios lee los motivos que subyacen en la obra a la que me he referido. Tales motivos me han sido revelados, y siento un pesar tan profundo, que no lo puede ser más. No puedo defender los motivos ni los métodos, ya que son una ofensa a Dios. Debo tomar firmemente mi posición. Pero ¿de qué me sirve decir más? He escrito una y otra vez, pero ¿cuál ha sido el resultado de los testimonios? ¿qué reformas han obrado? Los hombres que no tienen el amor de Dios en sus corazones, demostrarán no ser más que falibles y errados mortales, "sin mí", dice Cristo, "nada podéis hacer". Toda alma conectada con la obra necesita convertirse cada día.
Usted, hermano mío, debe vestir toda la armadura de Dios. El Señor Jesús, justamente antes de su crucifixión, oró, "Padre santo, a los que me has dado, guárdalos por tu nombre, para que sean una cosa, como también nosotros". Cristo ofreció esa oración en favor de sus discípulos, pero cuando pide por que seamos guardados, no significa que no debamos cooperar con Dios en guardarnos a nosotros mismos de las malas prácticas. Cada uno de nosotros debe dar oído a las palabras de Cristo, "Velad en oración"; "Velad y orad, para que no entréis en tentación".
No se introduzca, no de el primer paso en el camino equivocado. Que el Señor sea nuestro auxilio y fortaleza. ¿Hay acaso algo en el mundo que pueda cambiar el corazón en el que Cristo mora? La tierra puede temblar, los pilares del mundo pueden tambalearse bajo nosotros; pero si ponemos nuestra confianza en Dios, no temeremos. ¿Qué hubo, capaz de cambiar la fe de Daniel y sus compañeros de cautiverio en Babilonia? ¿Quién pudo corromper sus principios? ¿Quién pudo separar sus afectos de Dios? Pregúntense esto a ustedes mismos, ¿tenemos una fe inteligente?
"¿Quién nos apartará del amor de Cristo? tribulación? o angustia? o persecución? o hambre? o desnudez? o peligro? o cuchillo?… Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro".
Se están haciendo continuamente planes para acumular cada vez más responsabilidad en Battle Creek. Le pido que considere seriamente la situación allí. ¿Hay una escuela de los profetas en Battle Creek? ¿Hay allí hombres a través de los cuales el Señor haya obrado y pueda obrar, para llevar las pesadas responsabilidades que se deben asumir? ¿Hay allí hombres regenerados, cuyos corazones están enteramente entregados a Dios, hombres a quienes la poderosa espada de la verdad haya separado de las corrupciones del mundo, y cuya fe y devoción revelen que el Espíritu Santo está dando forma a su experiencia, según la semejanza divina? La Biblia, y la Biblia sola, es la regla de fe y práctica. La justificación por la fe en Cristo se hará manifiesta en la transformación del carácter. Esa es la señal ante el mundo, de la veracidad de las doctrinas que profesamos. La evidencia cotidiana de que somos una iglesia viviente se observa en el hecho de que estamos practicando la palabra. La acción cristiana consecuente da un testimonio viviente al mundo.
Declara a un mundo en la apostasía que hay un pueblo que cree que nuestra seguridad consiste en aferrarnos a la Biblia. Ese testimonio está en marcado contraste con el de la gran iglesia apóstata, que adopta la sabiduría y autoridad humanas en lugar de la sabiduría y autoridad de Dios.
El Señor nos ordena, "Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, teniendo cuidado de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino de un ánimo pronto. Y no como teniendo señorío sobre las heredades del Señor, sino siendo dechados de la grey. Y cuando apareciere el príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria". "Igualmente, mancebos, sed sujetos a los ancianos; y todos sumisos unos a otros, revestíos de humildad, porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos pues bajo la poderosa mano de Dios, para que él os ensalce cuando fuere tiempo; echando toda vuestra solicitud en él, porque él tiene cuidado de vosotros. Sed templados, y velad; porque vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devore".
Hay perfecta armonía entre la instrucción del Antiguo Testamento y la del Nuevo. El mismo Señor Jesús dio a Moisés los principios que habrían de darse a Israel. Cristo dio lecciones de misericordia, bondad, generosidad, y estricta honestidad, en el Antiguo Testamento, y las repitió cuando vino en carne humana a nuestro mundo. ¿No estudiaremos fervientemente y con oración esas lecciones, y practicaremos los principios que el Señor nos dio? ¿No trataremos a nuestros semejantes como corresponde a quienes han sido instruidos por el Espíritu Santo, enseñados por la sabiduría de Dios, movidos por la misma influencia que inspiró las Escrituras?
Cuando nuestros hermanos hagan eso, sus concilios serán honrados por la presencia de Cristo. Su espíritu misionero no se confinará a unos pocos lugares, sino que se esparcirá para difundir la luz por doquier. Hay un mundo que advertir. Nuestra gran defensa contra los principios y prácticas del paganismo o del papado es ser epístolas vivientes de la religión de la Biblia. ¿No representaremos a Cristo en todas las cosas?
Mi hermano Olsen, ¿puede estar todavía tan cegado como para unirse en el más mínimo grado con aquellos que se atreven a regir otras mentes, tal como ha sucedido en Battle Creek? ¿Consentirá en tener como sus colaboradores a quienes no reconocen la voz de Dios en los mensajes que ha enviado a su pueblo, hombres que manejarán la obra de manera que logren el total control de la misma, o bien la aplasten? Eso es decididamente lo que ha sucedido. Si los planes originados en tales mentes se llevan a cabo, la religión del evangelio y el cristianismo de la Biblia se extinguirán paralelamente al avance de su influencia.
Es necesario que el Señor Jesús purifique la institución de Battle Creek, tanto como lo fue la purificación del templo cuando estuvo en la tierra. Oh, que nuestras instituciones puedan ser purificadas de los compradores y vendedores, y traídos la mercancía y los principios para hacer entrar en razón a los hombres.
Han venido hombres a Battle Creek, a quienes el Espíritu Santo ha acompañado; pero a menos que peleasen cada palmo de terreno una y otra vez, en procura de mantener los métodos correctos, fueron finalmente avasallados. En el mismo centro de nuestra obra, han visto corrupción, y algunos se han ido con menos confianza en sus hermanos y en sus principios protestantes, y con la divina luz de sus almas que bien pudiera extinguirse. Dios no tolerará más que su templo sea una cueva de ladrones y cambistas. Desea que sus siervos sean hombres piadosos y con conducta santa.
El cristianismo está enfermo en nuestras instituciones publicadoras, y necesita un médico. ¿Quién las sanará? Debe haber una reforma. Sentimientos y prácticas que han ido ganando arraigo y se han fortalecido, deben ser por siempre abandonadas. Deben revivir los principios rectos. El Espíritu Santo fue a ustedes una y otra vez, pero muchos lo han despachado como a un huésped no deseado. La obra purificadora de Cristo debe comenzar en el corazón, para enmendar todo el carácter del agente humano. En medio de las tinieblas morales, debe ponerse en acción una influencia regeneradora, reformadora, a fin de que las cosas sagradas se mantengan sagradas. El Señor no va a ser burlado. Él probará y pesará a su pueblo; purgará minuciosamente su estancia; y recogerá su trigo en el granero

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