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F T Wright .La confesion a la Luz del Juicio

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F T Wright .La confesion a la Luz del Juicio

Mensaje por Admin el Mar Ene 25, 2011 9:34 am

F T Wright .La confesion a la Luz del Juicio

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El significado real y la seriedad de esto llega a ser muy aparente cuando nosotros lo consideramos a la luz del juicio venidero. En 1 Timoteo 5:24, Pablo dice esto, "Los pecados de algunos hombres, antes que ven¬gan ellos a juicio, son manifiestos; mas a otros les vienen después". En El Conflicto de los Siglos, pág. 470, se nos dice que todo el propósito del servicio del santuario es la remisión del pecado. "La remisión, o sea el acto de quitar los pecados, es la obra que debe realizarse", y nosotros necesitamos considerar el hecho de que la erradicación del pecado es la separación prime¬ramente del templo del alma del individuo. Y la separación del pecado no es solo la culpa de el, sino el pecado en si mismo, porque el simple perdón de un hombre nada logra.

Un hombre que es perdonado y dejado sin limpieza, si eso fuera posible, seria exactamente un pecador co¬mo antes. Un espino, aun cuando sea perdonado por producir espinas y rasgar nuestro vesti-dos, seria toda¬vía un espino, y sería todavía un espino mientras conti¬nuara existiendo.

Mientras quitar el pecado es primeramente su extir¬pación del templo del alma, nosotros hemos de enten¬der que la remisión o quitar los pecados no es comple¬tado hasta que finalmente sea destruido con Satanás su originador en el fuego de eterna destrucción. Por lo tanto, indica que remisión del pecado comprende tres pasos. Primeramente el pecado se mueve desde el in¬dividuo al santuario; segundo, del santuario a Azazel, y finalmente de Azazel a la tierra inhabitada y al fuego de eterna destrucción.

Es necesario aquí hacer claro lo que es justamente la purificación del santuario. Esto lo haremos breve¬mente. En El Conflicto de los Siglos, pág. 470 la pre¬gunta es formulada, "¿Qué es la purificación del san¬tuario?" Entonces la respuesta es dada. Primero que to¬do se discute la forma en la cual el pecado es transferi¬do del individuo al santuario, como ya notamos en la primera parte de este estudio. Luego, habiendo descri¬to la transacción día tras día, por lo cual el pecado es quitado del creyente y puesto en el santuario, leemos estas palabras en la página 471: "Tal era la obra que se llevaba a cabo día tras día du-rante todo el año. Los pe¬cados de Israel eran así transferidos al santuario, y se hacia necesario un servi-cio especial para eliminarlos". Nótese muy cuidadosamente que la purificación del santuario, llamado la expiación final, es la aniquilación del pecado, que significa la separación del pecado real que ha sido puesto en el santuario durante el servicio del año.

Quizás en ninguna otra parte está mejor descrito que en el libro El Camino Consagrado a la Per-fección Cristiana, por Alonzo T. Jones en la pág. 72. Nótese todo lo que este autor dice en su definición de lo que la lim¬pieza del santuario es. "La purificación del santuario, con respecto al santuario mismo, era la limpieza y separación de todas las prevaricaciones del pueblo, que por el servicio de los sacerdo-tes habían sido llevadas al santuario durante el servicio del año". Esta declaración no niega que habrá desaparecimiento de registros de los libros del cielo. Habrá tales cosas, porque nombres se¬rán quitados del libro de la vida y escritos en el libro de la muerte. Tales desapariciones son realmente las trans-ferencias de un registro a otro.

Estas palabras de A.T. Jones serán entendidas sin ninguna confusión si es reconocido que el tema es el borramiento o remoción de pecados. Esa obra no tiene nada que ver con los registros, porque es la obra de erradicación del pecado real, no borrar los registros de esos pecados. Los pecados mismos no pueden ser co¬locados en los libros. Los registros de ellos pueden y es¬tán allí. Los pecados mismos eran puestos en el san¬tuario por el servicio de los sacerdotes, no por los ánge¬les escribanos, y por el servicio de los sacerdotes eran llevados y puestos sobre el macho cabrío. Así es tam¬bién en el gran antitipo del servicio de nuestro gran Su¬mo Sacerdote en el santuario celestial.

Un momento de consideración revelará que el peca¬do en sí mismo es una entidad completamente distinta de los registros de los libros de cuentas. Nótese estas diferencias. En vista e que los Pecados del individuo ve¬nían al santuario sólo después de su confesión, el escri¬to es hecho en los libros de registro en el momento mis¬mo que el individuo peca, sea que se confiese o no. De este modo es que algunos de los más grandes pecadores del mundo tales como Nerón, ciertamente tiene en los libros de registro una lista completa de las obras ma¬las de su vida, pero no tiene ningún pecado en el san¬tuario. Segundo, en vista de que el trabajo de llevar los registros en los libros, es la del ángel escribano, el trabajo de trans-ferir el pecado es el trabajo de los sacerdotes.

Por lo tanto, los libros de registro tienen administración celestial, y tienen un fiel registro de lo que sucede en la vida del individuo al cometer el pecado, y también en la vida del individuo al ser limpio de ese pecado. Pe¬ro, los registros no constituyen la limpieza de ese peca¬do en sí mismo. Mientras que en la expiación final esos libros serán ordenados para registrar el hecho de que el pecado ha sido quitado del santuario, la ordenación no es la desaparición o erradicación del pecado en sí mismo. No puede ser, porque como hemos leído en El Conflicto de los Siglos y de A. T. Jones, la aniquilación del pecado es el quitamiento del pecado del santuario que habla sido puesto allí por la confesión del pueblo y por el servicio de los sacerdotes no por las manos de los ángeles escribanos.
Nótese otra vez estas palabras de El Conflicto de los Siglos, pág. 474. "Así como en la antigüedad los peca¬dos del pueblo eran puestos por fe sobre la víctima ofre¬cida, y por la sangre de ésta se transfer-ían figurativa¬mente al santuario terrenal, así también, en el nuevo pacto, los pecados de los que se arre-pienten son pues¬tos por fe sobre Cristo, y transferidos, de hecho, al san¬tuario celestial. Y así como la purificación típica de lo terrenal se efectuaba quitando los pecados con los cuales habla sido contami-nado, así también la purifica¬ci6n real de lo celestial debe efectuarse quitando o pecados registra os en e cielo".
Ahora nótese que las palabras "quitando" y "borrando" son si¬nónimas, o como A,T. Jones escribe en El Camino Consagrado a la Perfección Cristiana, "La purificación del santuario, con respecto al santuario mismo, era la limpieza y separación de todas las prevaricaciones del pueblo, que por el servicio de los sacerdotes habían si¬do llevadas al santuario durante el servicio del ".
Los términos "borrar" y "purificación del santuario, son sinónimos y en el Espíritu de Profecía y A. T. Jones, las palabras "quitar" o "erradicar" y "extirpar" son las palabras usadas para describir lo que significa purificar el santuario celestial del pecado.
Entonces indica que los únicos pecados que serán quitados del santuario y puestos sobre Azazel son los pecados que han sido enviados con anticipación por el individuo al juicio, porque en ninguna parte de la Pa¬labra de Dios o en el servicio típico del santuario se halla indicación de que los pecados, no importa cuáles, son quitados directamente de una persona y colocados sobre el macho cabrío. El tie-ne que ser enviado con an¬ticipación y puesto primero en el santuario mismo para esperar el juicio cuando la gran decisión sea hecha en cuanto a lo que se convertirá ese pecado finalmente.

Cuando el juicio se inicie, la gran pregunta es esta ¿qué habrá de ser hecho con la acumulación de pecado y contaminación en el santuario? Allí permanecen dos alternativas. Una es devolver y colocar los pecados sobre la cabeza del individuo por causa de su infi¬delidad, y la otra es colocarlos sobre Aza-zel, que debe sufrir la pena final en completa destrucción. Para deter¬minar esta decisión, los libros de registros serán abiertos y examinados, y todos los que han profesado el nombre de Cristo se acercarán para ser revisados por un examen y veredicto finales. Si se halla que el creyen¬te ha enviado todos sus pecados conocidos al santuario antes de comenzar el juicio, entonces el veredicto es que su pecado será puesto sobre el macho cabrío, y es contado como digno de vida eterna. En el caso de los que han sido infieles, que permanece todavía en ellos pecados conocidos, entonces, todos los pecados que ellos pu-dieran haber enviado con anticipación al juicio son colocados devuelta sobre sus propias cabezas. Véa¬se Mateo 18:23-34 donde Cristo enseña que un hombre puede ser perdonado y más tarde recibir de re-greso sus pecados.

Examínese la situación así como sería con una per¬sona que no ha aprendido lo que la verdadera confe¬si6n realmente es. El es un hijo profeso de Dios. El ha llevado el nombre de Jesús. Fielmente vive todas las demandas y ceremonias exteriores de la ley. El descan¬sa el día sábado, paga fielmente sus diezmos, va cons¬tantemente a la iglesia semana tras semana, y mantiene el cargo de iglesia, etc. Pero, él peca. El sabe que ha hecho la cosa mala. Así le dice la conciencia, y se aborrece a sí mismo por haberla hecho. Con verdadera penitencia y tristeza de corazón viene y dobla sus ro¬dillas para pedir perdón delante de Dios por esa cosa mala, y promete fielmente a Dios que no la volverá a hacer, y le suplica que lo ayude por su gracia para ser un vencedor sobre esa cosa.

Es aquí donde él comete el terrible error de no ver que pedir perdón de lo que ha hecho sin re-nunciar a lo que él es, es inútil y no le produce ninguna limpieza del pecado. El ha fallado en ver que Dios nunca puede responder la oración, "Señor ayúdame para hacer lo que es correcta" porque eso que es parte de él, lo cual es el problema, nunca puede hacer lo que es justo debi¬do a su naturaleza misma.
Al contrario, su oración debía ser, "Señor, yo reco¬nozco que este espíritu que está en mí, este fuerte de¬seo por eso que es malo, es la raíz del problema y eso tiene que ser quitado de mí. ¡Te lo en-trego Señor! Yo no lo quiero. Tómalo, a fin de que pueda recibir sucesiva¬mente la nueva vida, y de este modo vivir en obedien¬cia a todos los mandamientos".

Por falta de ver y entender eso, él falla en hacer una confesión la cual es verdaderamente acepta-ble a Dios, y regresa a su trabajo completamente satisfecho de que ha sido perdonado, pero el pecado mismo que debi6 llevar al santuario para ser libre de él, lo trae de regreso consigo otra vez. Por lo tanto, en vez de estar en el san¬tuario antes del juicio, el pecado esta todavía en él. Eso significa que toda intención y propósito del santuario - que es la remisión o erradicación del pecado - aun no ha comenza-do para él. Tampoco ha comenzado su preparación para el juicio. Con todo es un hecho que muchos del pueblo profeso de Dios se acercan precisa¬mente de esta manera al santuario, creyendo plena¬mente que sus pecados son perdonados, y que ellos están siendo preparados para el advenimiento del Se¬ñor. ¡Oh!, pueda ser que los tales despierten antes de que sea demasiado tarde. No es de admirarse que la pluma inspirada escribiera con alarma, "... es un terrible hecho que muchos se apoyan en una falsa es¬peranza" (Testimonies, tomo 1, pág. 188).

Puede ser que por el poder absoluto de voluntad, el hombre nunca cometa el acto de ese pecado otra vez. 0 puede ser que la posición que ahora tiene le cierra la oportunidad de hacer ciertas cosas ma-las. Pero, esa cesación del acto de pecado bajo la situación donde la vida de ese pecado está todavía en el hombre no lo sal¬vará en el juicio. No puede ser, por la simple razón de que el juicio se ocupa en ase-gurar que el pecado nunca entrará otra vez. Por esta razón el juicio es un examen del carácter, es decir, de lo que nosotros somos. "Como el fuego revela la diferencia entre el oro, plata, y piedras preciosas, y madera, paja y rastrojo, así el día del juicio probará caracteres, mostrando la dife¬rencia entre caracteres moldeados conforme a la seme¬janza de Cristo, y caracteres moldeados conforme a la semejanza del corazón egoísta" (The Review and Herald, 11 de Diciembre de 1900).

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Re: F T Wright .La confesion a la Luz del Juicio

Mensaje por Admin el Mar Ene 25, 2011 9:34 am

Así que, en el juicio la gran pregunta será, "¿Dónde está el pecado? Si en el examen es hallado que hay todavía pecado en el individuo, entonces en la naturaleza misma de la situación es imposible para esa persona entrar en el cielo. Un momento de reflexión comproba¬rá esto. Una vez abierto el juicio sobre el caso de cual¬quier individuo, entonces el único medio por el cual el pecado puede ser quitado del individuo y colocado en el santuario ya no está más disponible. Todas las puer¬tas están cerradas para él. Por lo tanto, cualquier peca¬do que esté todavía en él, tendrá que permanecer como una parte de él para siempre. Por doquiera que el va, ese pecado también, porque no solo es una parte de él, sino es tanto una parte de él, que el pecado es él mismo.
Nosotros sabemos que ningún pecado puede entrar en el cielo, por lo tanto, tampoco el pecador. Dios es dejado sin ningún recurso más que dejar todo sobre su cabeza, y pronunciar sobre él el triste lamento, "y el que es sucio, ensúciese todavía".

Hoy, Dios está trabajando con los ángeles, el Espíritu Santo y su Hijo para sacar y preparar a un pueblo para permanecer en el juicio. Por muchos años este trabajo ha continuado, y vez tras vez la pre-gunta surge en la mente de las almas honestas en cuanto a por qué el juicio ha estado demorando y de-morando y demo¬rando.

Ciertamente no ha sido falta de arduos esfuerzos por parte de un gran número de personas por guardar irreprensiblemente cada detalle de la ley. Hay personas en el mundo hoy que están estudiando esa ley con cuidado esmerado, y todo lo que uno tiene que hacer es mostrarles un nuevo requerimiento, y lo harán, aun si los priva de la vida. Todo esto es muy recomendable. La ley debe ser observada en su más mínimo y perfecto detalle.

Pero amenos que nosotros entendamos el hecho de que la pecaminosidad ha de ser erradicada de la natu¬raleza misma del hombre; amenos que entendamos las simples condiciones de la verdadera con-fesión acep¬table para que Dios pueda poner en el vacío una nueva vida en lugar de la vieja, entonces la pecaminosidad es¬tará todavía en nosotros y todas nuestras buenas obras no serán de más valor para no-sotros más de lo que fueron para los judíos en los días de Cristo. Cuando el juicio se inicie y las deci-siones eternas sean hechas y di¬gamos, "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hi¬cimos muchos milagros?" La respuesta vendrá "Nunca os conocí; apartaos de mi, obradores de maldad" (Mateo 7:22-23).
Hoy, como nunca antes debemos aprender una experiencia viva, práctica y efectiva del poder de la confesi6n aceptable. La promesa está aquí, "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad", y no hay nada más seguro de que si hacemos verdadera confesión, El, cierta y plenamente nos perdonará y nos limpiará totalmente de toda maldad. La promesa es de que nos limpiará de todo maldad, y eso es justamente lo que quiere decir.

Fuera posible, si el espacio permitiera, relatar historia tras historia de las experiencias de personas en esta ge¬neración, que, habiendo aprendido el conmovedor y simple secreto de la confesión aceptable, la pusieron por obra y vieron un trabajo de ella en sus vidas.
Una buena hermana en cuya vida estaba el podero¬so atributo de un fuerte sentido de justicia, halló que es¬taba enojada y ofendida debido a la forma en la cual ciertas personas estaban tratando a su esposo y a ella misma. Ella expresaba sus sentimientos no en términos inciertos cuando los frescos in-cidentes venían a inspec¬ción. Se sentía completamente convencida acerca de la aparición de sus senti-mientos y sus expresiones, y de tiempo en tiempo confesaba estas cosas y pedía a Dios que le diera la victoria sobre ellas. Pero para su sorpre¬sa, siempre que un nuevo accidente ocurría, los mis¬mos viejos sentimientos surgían.
Entonces vino a ella la simple verdad de la confesión aceptable y fue a Dios en una nueva manera. Aferrán¬dose a la promesa, ella confesó no solamente lo que había hecho sino lo que ella era, y rogó a Dios que quitará para siempre de ella esas reacciones y senti¬mientos. Todo esto ella lo hizo en simple confianza, y salía por su camino creyendo sosegadamente que lo que Dios habla prometido lo habla hecho, porque esta es la victoria de la fe, como está escrito, "Si crees la pro¬mesa si crees que estás per-donado y limpiado ¬Dios convierte su promesa en una realidad: tú eres sa¬nado, lo mismo que el paralíti-co, al que Cristo dio po¬tencia para andar cuando el hombre creyó que había sido sanado. Así es si así lo crees" (El Camino a Cristo, pág. 94).

El tiempo pasaba, y luego un día una situación surgió otra vez en la cual las mismas persona tra-taron a su esposo más injusta y más severamente en este inciden¬te que en todos los otros incidentes. Ciertamente fue una experiencia de sorpresa, pero no hubo ninguna reacción, y en su agradecimiento y gratitud hacia Dios ella reconoció que en vista de que anteriormente ella siempre se habla levantado en ira con sentimientos de venganza, en esta ocasión nada más hubo que un gran sentido de piedad y com-pasión por las almas que ha¬blan tratado injustamente a su semejante.

Pudiéramos también contar la historia de una cierta persona que se había convertido con relación a cierta indulgencia de apetito. Por supuesto, hasta donde el apetito concierne, Dios no erradicará de nuestra natu¬raleza el deseo natural de comer, porque esa es una parte legitima de la naturaleza humana. Nosotros esta¬mos hablando no de la limpieza de la carne, sino de la limpieza del alma. Una distinción muy clara tiene que ser extraída entre el espíritu morando en la carne, y la carne en si misma.

Ahora este hermano particular, habiendo llegado a estar convencido acerca de este pecado, deci-dió quitarlo y no participar más de él. Desde ese día en adelante, él nunca lo volvió hacer. Pero siempre que iba al supermercado y pasaba al estante donde este alimento estaba, hallaba que su boca se llenaba de saliva vez tras vez por este alimento particular. Sin embargo, este hombre tenía una experiencia real en las cosas de la justicia, y había ganado la victoria sobre muchas otras cosas, pero, debía aprender to-davía más específi¬camente la confesión aceptable.

Un día él se sentó y escuchó un predicador dar este estudio particular en el cual la naturaleza de la confe¬sión aceptable fue trazada, y se dio cuenta de que aun¬que no había hecho más esa cosa y no pensaba o inten¬taba cometer la cosa misma otra vez, el pecado estaba todavía en él. La tendencia al pe-cado, la reacción hacia él, el deseo de él, en otras palabras, esa parte de su vida en él que era una reac-ción pecaminosa a esa cosa, es¬taba todavía allí. En consternación se vio a sí mismo de pie en el juicio, y como la ley contemplara ese pecado, sería hallado no en el santuario sino todavía en él, cuando era demasiado tarde para enviarlo con antici¬pación al juicio.

Así, ahora con esperanza y alegría en su corazón, él se dirigió al santuario y allí suplicó a Dios que quitara esa cosa de su vida, la borrara de su naturaleza y la co¬locara en el santuario antes del juicio. Entonces tenia un conmovedor testimonio para decir que cada vez que pasaba por ese mostrador en el supermercado, ninguna reacción habla, su boca no fue más ensaliva¬da, y ningún deseo más que un ma-ravilloso sentido de limpieza, victoria y separación de esa cosa. Con todo, él sabe que la obra sólo ha comenzado, que en lo pro¬fundo de su vida se hallan escondidos todavía manan¬tiales de mal, que a su turno necesitan ser tratados de acuerdo con las más aceptables confesiones.
El Evangelio es el poder de Dios para salvación del pecado, y para los que comprenden por simple fe el poder de Dios para salvar, se cumple la totalidad del plan evangélico. Ellos han dado pasos de ventaja ha¬cia el cielo, sus pecados han ido con anticipación al juicio, y si ellos continúan en este camino, ciertamente pasarán el juicio y les será dado un lugar en el cielo.

pecado, y para los que comprenden por simple fe el poder de Dios para salvar, se cumple la totalidad del plan envangélico. Ellos han dado pasos de ventaja ha¬cia el cielo, sus pecados han ido con anticipa-ción al juicio, y si ellos continúan en este camino, ciertamente pasarán el juicio y les será dado un lugar en el cielo.

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Re: F T Wright .La confesion a la Luz del Juicio

Mensaje por Admin el Mar Ene 25, 2011 9:35 am

Sumario

La promesa de Dios es que si tú haces una cosa ¬y confiesas tus pecados, El hará dos cosas, per-dona y limpia. Esto significa que, hasta que la confesión sea hecha, ninguna puede hacer, pero cuando es hecha, El hará ambas cosas. Así que, si tú no has sido limpiado, entonces sabrás que tampoco has si-do perdonado, y que tú confesión no ha sido aceptable a Dios.

Los principios de la confesión aceptable tiene una aplicación en la obra del reavivamiento y re-forma.
El primer paso en el proceso es la revelación a ti de los pecados no conocidos. Esta es la obra del Espíritu Santo que te revela a su debido tiempo que el proble¬ma real, hasta ahora desconocido, es lo que tú eres, no lo que tú haces. Es muy esencial que esto sea visto y entendido.

Lo siguiente que has de saber sin sombra de duda o incertidumbre es que la plena y completa provisión pa¬ra el perdón y limpieza de toda pecaminosidad en sí misma, está a tu disposición en el ser-vicio del santuario. Tú debes tener la fe para creer que el Señor quitará el espíritu malo dentro de ti, y al mismo tiempo te dará enteramente un nuevo espíritu.

Entonces debes venir al santuario como lo hacía el antiguo israelita. Allí debes confesar no sólo lo que has hecho, sino también lo que tú eres. No solamente tú confiesas el pecado, sino que lo entregas para que el Señor lo tome, y creer que El literalmente lo recibe.

Tu debes renunciar a ese pecado con la más plena voluntad. Si te aferras al pecado en lo más mínimo, el Señor no puede y no lo quitará de ti. Si hallas indisposi¬ción para entregarlo, entonces pidas al Señor que te de un corazón voluntario para que puedas odiar ese pecado.

Habiendo renunciado a la antigua vida y espíritu de pecado, luego debes pedir y recibir en el vac-ío una vida nueva en lugar de la antigua, dando gracias a Dios al hacer esto, no que recibirás el don, sino que lo has recibido.
Sal por tu camino sabiendo que ya no eres más la persona en cuanto a esa cosa concierne, a la que fuiste cuando viniste a hacer esa confesión. Lo antiguo ha pa¬sado y lo nuevo está verdaderamente en su lugar.

Ten un propósito establecido en tu mente que has terminado con ese pecado, a fin de que cuando el diablo te confronte con sus tentaciones, puedas negarte aun a abrigar cualquier pensamiento de ren-dición.

Conserva la nueva vida vigorosa y apta por el ali¬mento constante de la Palabra de Dios y vela en ora¬ci6n.
Finalmente, si el diablo te motiva a caer bajo su po¬der engañador, no te desanimes. Ve al instante para ser perdonado y limpio, y continúes adelante en tu marcha hacia el cielo.
Recuerda que todo pecado debe ir con anticipación al juicio, y por lo tanto, debe estar en el santuario y no en ti cuando la investigación final sea hecha.

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Re: F T Wright .La confesion a la Luz del Juicio

Mensaje por Admin el Mar Ene 25, 2011 9:38 am


Nosotros aprendimos la lección con relación a la confesión aceptable por un estudio de¡ servicio diario en el santuario terrenal, como se efectuaba en el atrio en el altar de los sacrificios. Siendo que el altar del sacri¬ficio es una tipo de la cruz, entonces, al estudiar cómo venir al altar, nosotros aprendere-mos cómo venir a Cristo al pie de la cruz.

Pero, no debe ser interpretado que este escritor com¬prende o enseña que Cristo hoy ministra este servicio para nosotros desde el lugar santo en el santuario celes¬tial. Enseñar tal cosa sería quitar los pi-lares y funda¬mentos básicos del gran mensaje adventista el men¬saje del tercer ángel, lo cual trae a la luz la obra de Cristo en el lugar santísimo en el santuario del cielo.

Es cierto que en 1844, Cristo terminó su obra en el lugar santo del santuario celestial, después del cual El inició su obra en el lugar santísimo. Y El no dejará el mi¬nisterio en el lugar santísimo hasta que el matrimonio sea consumado y la obra terminada. La declaración si¬guiente explica esto:

"En el servicio del santuario terrenal que, como ya lo vimos, es una figura del servicio que se efectúa en el santuario celestial, cuando el sumo sacerdote entra¬ba el día de la expiación en el lugar santísimo terminaba el servicio del primer departamento. Dios mandó: 'No ha de haber hombre alguno en el Tabernáculo de Reunión cuando él entrare para hacer expiación dentro del Santuario, hasta que salga' (Levítico 16:17, V.M.). Así que cuando Cristo entró en el lugar santísimo para consumar la obra final de la expiación, cesó su ministe¬rio en el primer departamento. Pero cuando terminó el servicio que se realizaba en el primer departamento, se inicio el ministerio en el segundo departamento.

Cuan¬do en el servicio típico el sumo sacerdote salía del lugar santo el día de la expiaci6n, se presentaba ante Dios, para ofrecer la sangre de la víctima ofrecida por el peca¬do de todos los israelitas que se arrepentían verdadera¬mente. Así también Cristo s6lo habla terminado una parte de su obra como intercesor nuestro para empezar otra, y sigue aún ofreciendo su sangre ante el Padre en favor de los pecadores " (El Con-flicto de los Siglos:481).

Esta cita claramente testifica que desde el lugar santísimo Jesús continúa el servicio que previa-mente lle¬vaba a cabo en el lugar santo. Ese hecho proporciona los medios para la transferencia de nues-tros pecados al santuario. Esto no está en conflicto con el tipo, por¬que si volvemos a Números 29, hallamos allí que el Señor hace claro la totalidad del servicio diario como se ofrecía en ese día, el día de la expiación. Antes que nosotros leamos estos versículos, Números 29:7-11, hagamos una distinción la cual parece que no ha sido clara en la mente de muchos. La distinción es esta: El servicio real del gran día de la expiación, no ocupaba todo ese día sino sólo una pequeña porción de él, ha¬cia el final del día. Y aun en ese día, hasta el momento que el servicio real comenzaba para todos los vivos en Israel, ellos podían tomar plena ventaja de los servicios diarios que eran ofrecidos como de costumbre en ese día.

Leamos el relato de los servicios diarios en Números 29:7-11. "Y en el diez de este mes séptimo tendréis san¬ta. convocación, y afligiréis vuestras almas: ninguna obra haréis:
"Y ofreceréis en holocausto a Jehová por olor de suavidad, un becerro de la vacada, un carnero, siete corderos de un año; sin defecto los tomaréis.
"Y sus presentes, flor de harina amasada con aceite, tres décimas con cada becerro, dos décimas con cada carnero.

"Y con cada uno de los siete corderos, una décima;

"Un macho cabrío por expiación: además de la ofrenda de las expiaciones por el pecado, y del holo¬causto continuo, y de sus presentes, y de sus libaciones".
Así como los servicios acostumbrados por el pecado estaban disponibles en el día de la expiación en los tiempos de Israel, así también durante el día antitípico de la expiación los servicios diarios están disponibles justamente hasta el comienzo del juicio de los vivos. Pe¬ro hoy el antitípico Sumo Sacerdote, Jesús, no realiza los servicios diarios desde el lugar santo. El hace esto desde el lugar santísimo.

Hay una gran verdad espiritual que hemos de apren¬der de los servicios del santuario terrenal. Mientras los israelitas eran siempre diligentes en sacar el pecado de sus vidas, ellos eran inducidos a ser especialmente fer¬vientes a cerca de esto durante el día de la expiación. En ese día ellos eran inducidos a afligir sus almas. "Em¬pero a los diez de este mes séptimo será el día de las expiaciones: tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Je¬hová.

"Ninguna obra haréis en este mismo día; porque es día de expiaciones, para reconciliamos delante de Jeho¬vá vuestro Dios.
"Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de sus pueblos" (Levítico 23:27-29).

Desde 1844 nosotros hemos estado viviendo en la reproducción de este evento del Antiguo Tes-tamento. Estamos ahora en el antitípico día de la expiación. La abundante luz que ha estado brillando sobre el pueblo de Dios desde que Cristo entró en el lugar santísimo en el cielo, pone a ese pueblo en una condición de gran responsabilidad. Y si como se dice que no estamos sufi¬ciente conscientes de nuestra responsabilidad en este respecto, se nos ha dicho directamente que debemos afligir nuestras al-mas delante del Señor y hacer serio arrepentimiento de todo pecado.

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